El Edén como espacio imaginario

LA VOZ DEL INTERIOR / Suplemento Temas / 30/10/2011

El Edén como espacio imaginario. Además de ser objeto de numerosos documentales e investigaciones, el legendario hotel de La Falda también inspiró obras de ficción, como novelas y una reciente serie televisiva.

Por José Heinz

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Hay algo mágico en los hoteles. Se trata de algo propio de su funcionalidad, de los servicios que ofrecen a sus huéspedes. Un visitante puede realizar una pequeña fiesta puertas adentro de su habitación y al otro día, al cabo de unas horas, la volverá a encontrar ordenada y perfumada, como si nada de lo sucedido la noche anterior hubiera ocurrido, como si en cada jornada las cosas regresaran a su punto de inicio de forma inevitable.

Desde luego que esa supuesta magia tiene una explicación sencilla: el silencioso trabajo de los empleados. En cada hotel, a medida que aumente su lujo o categoría, mayor será el comfort que ofrezca, mayor el pacto de fantasía con su invitado de turno.

Al hablar de hoteles con magia y fantasía, es difícil no mencionar al emblema de la localidad de La Falda. Lejos de la construcción seriada que caracteriza a las cadenas internacionales, el legendario Hotel Edén, ubicado a unos 76 kilómetros al noroeste de la ciudad de Córdoba, es único en su clase. No hubo ni habrá otro igual. No sólo por los detalles en su construcción o la belleza y comodidad de sus espacios, sino además por las historias que atesoran sus paredes. Algunas de esas historias fueron sacadas a relucir con el correr de los años; otras quedarán para siempre en el irrebatible apartado de las leyendas.

En las primeras décadas del siglo 20 visitaron el Hotel Edén personalidades como los presidentes Julio A. Roca y José Figueroa Alcorta, el príncipe de Gales, el duque de Saboya y el escritor Rubén Darío, además de muchas de las familias más distinguidas de la época. Y existen versiones que indican que por allí también pasaron otros personajes fundamentales de la historia, como Ernesto “Che” Guevara, Albert Einstein y Adolf Hitler.

El vínculo del Edén con el nazismo es, de hecho, uno de los temas que más resonancia ha obtenido puertas afuera de La Falda, y ha disparado una serie de investigaciones y documentales que intentan dar cuenta de esa relación.

Con el correr de los años, sin embargo, las obras que inspiró el Edén no quedaron limitadas a registros de tono periodístico o histórico, sino también a búsquedas más estéticas y subjetivas, donde la ficción cumple el papel fundamental de unir puntos invisibles, otorgar verosimilitud allí donde los hechos no pueden ser comprobados.


Producción cordobesa. La última de esas aventuras es la serie televisiva Edén , que se transmite desde comienzos de octubre los lunes a las 23.30 por Canal 10. Realizada por un equipo técnico integrado por cordobeses, cuenta con un elenco conformado tanto por actores de Buenos Aires como locales. Además, fue filmada completamente en La Falda, en el lapso de unas 10 semanas. Edén consta de 13 capítulos de media hora de duración, cada uno dedicado a alguna de esas visitas célebres.

“La serie retrata al Edén desde la compra por parte de alemanes a su primera dueña, hasta la decadencia del hotel, en consonancia con la decadencia propia del régimen nazi. Buscamos verosimilitud, por supuesto, pero no a nivel de veracidad histórica, sino algo que nos cierre; hicimos de una realidad una ficción y una ficción de una realidad. En la serie se aclara que cualquier coincidencia con la realidad es eso, mera casualidad. De hecho, los nombres de los dueños del hotel están cambiados. Pero se presenta esa ficción como una realidad en sí misma”, detalla Santiago Villois, uno de los encargados del guión de la serie, producida por Oruga Films (la misma que realizó la película Hipólito y ganadora en diciembre pasado de un concurso impulsado por el Incaa).

Sobre el origen de la idea inicial, describe: “Un día, Maximiliano (Baldi, el director) y Ana (Chacón, coguionista) fueron de visita al Edén. Allí se interiorizaron de su historia y se les ocurrió la idea de realizar un producto audiovisual, lo que derivó, a través de la productora y el concurso del Incaa, en el proyecto de esta serie”.

Lo primero que hicieron fue em­paparse de la historia. Comenzaron a buscar en periódicos, libros y filmaciones de la época toda la información disponible. Trabajaron tanto con diarios alemanes como de otros países para analizar el panorama político de aquel momento, pero, sobre todo, para ver cómo asimilaba la gente el proceso de la Segunda Guerra Mundial.

“Después nos metimos en la versión apócrifa del hotel, que fue la que en realidad más nos gustó. A partir de allí desarrollamos, en base a las leyendas que existen, una ficción que va y viene entre lo que fue la realidad y los mitos, como el nazismo, los tesoros ocultos o los viajes”, explica Villois.

El guionista agrega que también trabajaron mucho con películas de época, para estudiar el nivel de representación. Asimismo, los medios gráficos internacionales fueron un soporte ?muy importante para la historia, fundamentalmente por la visión que se tenía del nazismo en la época.

“Tuvimos que trabajar un Hitler que no es el que se ve en los documentales, sino uno de entrecasa, en el año 1920, previo a la Segunda Guerra Mundial, amable, educado. El que se ve en la serie es un Hitler que es más bien un tipo de café, íntimo amigo de los dueños del hotel”, explica.

En la serie se muestran personajes muy conocidos pero en situaciones que no son las típicas con las que cualquiera los relacionaría. Aparece Hitler, pero también Einstein, Rubén Darío, el príncipe de Saboya, Goebbels, Wallis Simpson y el duque de Windsor.

Inquietante y sombrío. Como escenario para el devenir de las acciones en la serie, el hotel presenta una mística inquietante. Funciona como un fondo sombrío, es una atmósfera que aporta mucho a la filmación. “El Edén tiene una historia oscura, no es un lugar que presente una energía muy agradable”, asegura el guionista.

Vale recordar que el año pasado se emitió un documental que abordaba la supuesta presencia de fantasmas en el Edén, a raíz de declaraciones de algunos empleados, que aseguraban haber visto siluetas fugaces o escuchar voces y ruidos extraños.

Con diversos aparatos que en teoría funcionan para detectar actividades paranormales, en 2009, un equipo de The Atlantic Paranormal Society fue hasta La Falda a trabajar y filmar sus pesquisas. Según informaron luego, habrían obtenido algunas señales “espeluznantes” emitidas por fantasmas. Sin entrar en discusiones sobre la seriedad de esta clase de oficios, el documental también podría ingresar en la nómina de ficciones sobre el Edén.

Novelas. Entre los primeros que utilizaron al hotel de La Falda como trasfondo para su obra se encuentra el escritor Luis Gusmán, autor de Hotel Edén (Norma, 1999). Pero a diferencia de otras no­velas (como se verá más adelante), ?Gusmán sitúa la trama en las décadas de 1960 y 1970, lejos de sus años de ?esplendor.

Allí el protagonista es Ochoa, un hombre maduro perseguido por dos obsesiones. Por un lado está Mónica, con quien mantuvo una relación pasional y conflictiva durante mucho tiempo, afectada por una locura gradual que la aleja de a poco y dolorosamente del lado de los cuerdos. Una locura de la que Ochoa es responsable, por someterla, tácitamente, a cierta humillación a raíz de su trabajo como peluquera. El de ellos es un amor irracional, enfermizo, pero el protagonista intenta reconstruirlo una y otra vez hasta finalmente caer rendido.

La reconstrucción también es un engranaje clave en su otra obsesión: el Edén. Ochoa está metido hasta los huesos con su historia, con las fábulas que se fueron tejiendo en sus paredes, lo que deriva en el proyecto fallido de escribir una novela sobre el hotel. Primero, como pretexto para contar la historia de su familia (sus padres habían estado alojados allí, con todo el lujo de sus mejores épocas, antes de sufrir una crisis económica), pero luego el argumento toma un desvío inesperado por el ingreso de Mónica en su vida. Ochoa se promete a sí mismo que nunca publicará su novela si ella vuelve algún día a la cordura. “La historia está ahí, al alcance de la mano. Es una tentación. A veces pienso que voy a seguir eternamente indeciso, pero ahora que volví a ver a Mónica tengo la convicción de que algo va a pasar. Me da miedo ventilar el pasado”, confiesa Ochoa en un momento de Hotel Edén .

En la trama urdida por Gusmán, el hotel en sí mismo aparece y desaparece (ahora sí) como un fantasma, para hablar tanto de la situación de un país como de la difícil relación entre dos personas que provienen de mundos socialmente diferentes. “Quizás deba renunciar a escribir esta historia. ¿Acaso se puede contar la propia vida?”, se pregunta el protagonista, ya hacia el final de la novela.

Buscando a Frank Einstein. Con registro y contexto diferentes, el cordobés Fernando López también utilizó al Edén como escenario en uno de sus libros. Fue para La sombra del agua (Deldragón, 2004), en el que pergeñó una historia de aventuras basándose en la hipotética visita de Albert Einstein al hotel. En este caso, la acción transcurre en La Falda de la década de 1920, en un clima de opulencia y excentricidades.

Abundante en humor y con situaciones que por momentos rozan el realismo delirante, la novela de López se sitúa imaginariamente en los días que el físico pasó en La Falda. Pero esencialmente cuenta la historia de Jesús Gaspart, un mago que maravillaba con sus trucos a los huéspedes del Edén, cuyo cuaderno de notas resulta imprescindible para que el narrador pueda rearmar, a su manera, los acontecimientos de esos tiempos lejanos.

Einstein se aloja en el hotel por algunos días a propósito de un congreso entre hombres de ciencia. En la comitiva se encuentran también Federico y Anita, dos alemanes que se identifican con el nazismo, quienes tienen la misión de conseguir alguno de los saberes del genio para las fuerzas armadas de su país. Más concretamente, tienen la sospecha de que posee un hermano llamado Frank (Frank Einstein), quien conoce la fórmula para revivir a los muertos, lo que volvería invencibles a los alemanes en futuras guerras.

Más allá de la lujuria que le despierta Anita, que por instantes le hace desviar el foco de lo importante, el mago Gaspart desconfía de la pareja y se dispone a ayudar a Einstein y estropear el plan bélico. Para ello dispone no sólo de sus habilidades como mago y prestidigitador sino también de la imprevista ayuda de un joven alto y morocho “que peina su cabello partido al medio” y dice ser escritor. Se trata nada menos que de Roberto Arlt.

Tanto en el armado del plan del sabotaje como en su concreción, el Hotel Edén es el telón de fondo. Por allí desfilan todos los personajes de ambos bandos y también el lector, llevado a través de escenas que en algunas ocasiones resultan casi cinematográficas, como una comedia de época.

Amor en tiempos violentos. La más reciente novela que tiene al Edén como escenografía es Secreto bien guardado (El Emporio, 2009), un éxito editorial tanto a nivel local como nacional de Viviana Rivero. “Quería escribir una novela donde los protagonistas, a raíz de un sentimiento, estuvieran dispuestos a cualquier cosa, a romper con los paradigmas o los valores que te enseñan de chico. Y elegí el amor, porque ¿a quién no le gustan las historias de amor?”, explica la autora cordobesa.

Se refiere a la relación que une a los protagonistas: Amalia, una joven judía de la clase alta argentina, y Marthin, un abogado alemán nazi. Se conocen, por supuesto, en el Edén. Rivero sitúa las acciones a comienzos de la década de 1940, poco antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. “El Edén me parecía un gran escenario para una novela. Además, era uno de los pocos lugares en el mundo que podían hacer creíble mi historia. Encima, como cordobesa, lo tenía cerca”, dice.

Desde luego que la narradora no se concentró sólo en la historia de amor, sino que para contextualizar las escenas debió investigar mucho sobre aquellos años. “Me informé tanto con diarios de la época como con libros. Cuando empecé a investigar sobre el Hotel Edén, encontré muchas páginas en inglés, lo cual significa que el tema interesa mucho afuera. Encontré unos libritos, justamente en inglés, que nombran al hotel cuando hablan del búnker de Hitler. Durante la investigación también me topé con unos archivos que eran las escuchas del FBI, que se usaron para los juicios de Nuremberg. Allí también se nombraba al Edén. Es una historia muy interesante”.

En Secreto bien guardado , los protagonistas se hospedan en La Falda ?por razones muy diferentes. Mientras Amalia está de visita en el hotel por unas vacaciones familiares, Marthin pertenece a una comitiva de diplomáticos alemanes que tiene la misión de repatriar a los marinos del Graf Spee, el buque de guerra alemán cuya tripulación fue enviada a diferentes provincias de Argentina.

La escritora era consciente de que se metía en una historia con temas sensibles. “Es algo muy reciente. La gente mayor todavía lo siente cercano y tiene su postura al respecto, aunque no la exprese abiertamente. En La Falda, todo lo alemán tiene su peso”, plantea al respecto. Pero aquello que Rivero no podía saber eran las repercusiones que tendría su libro, algunas de ellas tan significativas que forzaron los pliegues de la ficción para volverse algo real y palpable. Acaso la más curiosa haya sido un correo electrónico que llegó a su bandeja de entrada, de parte de una persona que decía ser el hijo de Amalia y Marthin.

Otras fueron todavía más reveladoras: “También me escribió la hija de uno de los marinos del Graf Spee. Después de conocernos personalmente, nos hicimos amigas y me llevó a conocer a su papá. Vivía cerca de mi casa, tenía 93 años y había trabajado en el Edén, como bañero. Y se llamaba Marthin, igual que mi protagonista”, recuerda hoy, todavía sorprendida.

En el proceso de escritura, la escritora visitó varias veces La Falda para informarse de primera mano sobre algunas cuestiones. “Yo soy una persona bastante práctica –afirma–, pero se siente algo en el Edén; tiene una historia increíble que carga sobre sus espaldas. Otros lugares han sido atrapados por lo moderno y no se advierte esa atmósfera. Cuando estaba en el Edén, sentía que en cualquier momento podía aparecer alguno de mis personajes”.

Otra de las repercusiones de su novela también habla a las claras de esa mística. De que la magia, así como parece funcionar en algunos hoteles, también suele ser patrimonio de la literatura. “En la presentación de mi última novela, se me acercó una señora muy mayor, bonita, de ojos azules, muy bien arreglada. Me confesó que Secreto bien guardado la había hecho llorar mucho. Después me dijo: ‘Le voy a contar algo que hace años que no comento: yo tuve un romance con un diplomático nazi. Esto no lo saben ni mis hijos… ahora olvídese de lo que le dije, esto es un secreto bien guardado’. No me reveló su nombre, nada. Cuando uno escribe, a veces revuelve cosas”.

Hotel Edén, en La Falda

LA VOZ DEL INTERIOR / Las 7 Maravillas

Ubicación: La Falda, 76 kilómetros al noroeste de la ciudad de Córdoba. Construcción: 1897. Características: edificación de lujo, contaba con 100 habitaciones, 38 cuartos de baño, un gran salón comedor para 250 personas, un comedor auxiliar para niños y personal, un salón de fiestas, sala de lectura, escritorio, dos jardines de invierno, salón bar, galería cubierta y dos balcones desde los que se apreciaba el magnífico parque con su fuente de mármol con dos leones a cada lado. Fue visitado por los príncipes de Gales y de Saboya, Albert Einstein y los presidentes Julio A. Roca y Figueroa Alcorta.

 

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Por Marcela Palermo / Periodista. Conductora de radio y TV.

En un acto por el aniversario de la Escuela Mateo J. Molina, de la cuidad de La Falda, recuerdo que alguien agradeció a doña Ida por haber donado el terreno donde se levantó la escuela primaria. Con el correr del tiempo conocí que la carismática Ida era esposa de Walter Eichorm, ambos propietarios, durante un tiempo político clave, del Hotel Edén de La Falda.

Esta construcción, enclavada en Villa Edén, fue construida en 1898 y llegó a hospedar a 250 turistas. Pasaron por allí el poeta nicaragüense Rubén Darío, el príncipe de Gales, los presidentes argentinos Julio A. Roca y Figueroa Alcorta. La nobleza europea y lo más granado del país disfrutaron del paradisíaco hotel .

La Falda siempre estuvo orgullosa de la fotografía de Albert Einstein en los parques del Edén.

La imponente escalinata de mármol que da entrada a sus salones, los enormes ventanales, sus torres francesas y la ornamentación alemana son muestras del enorme valor histórico y arquitectónico del lugar.

El Hotel Edén fue referente indiscutido del turismo nacional e internacional, por eso me parece muy acertada la idea de considerarlo una de las siete maravillas de Córdoba. Hoy, el hotel es parte del inconsciente colectivo de la ciudad pero, sin duda, hay mucho de leyenda en su historia: ¿usted, amigo lector, es uno de los que vio al Führer caminando por allí?

Un gigante derrotado

PAGINA 12 / TURISMO 12 / 03 de Noviembre de 2013

En 1898 se inauguró en un rincón de las sierras de Córdoba un hotel con los fastos de la belle époque, destinado al ocio de la oligarquía porteña, que también le escapaba a la tuberculosis. El hotel, cuyos dueños eran amigos personales de Hitler, cerró en 1965 y aún mantiene en pie su majestuosa decadencia.

 

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Por Julián Varsavsky / Fotos de Sandra Cartasso

En un bosque de las sierras de Córdoba existe un hotel en desuso que –no es exagerado decirlo– tuvo algo que ver con la irrupción del nazismo en Alemania. Su dueño fue el matrimonio Eichhorn, que en 1924 viajó a su Alemania natal y en un bar de Munich conoció a un cabo egocéntrico que los cautivó con su discurso delirante. Así nació una profunda amistad entre los Eichhorn y Adolf Hitler, a tal punto que, una vez instalado el dictador en el poder, los dueños del Hotel Edén tenían la prerrogativa de acceder al área de residencia del Tercer Reich sin necesidad de una audiencia previa.

Semejante privilegio –explican hoy en la visita guiada al hotel– tenía una razón: el apoyo financiero que le dieron a Hitler esas dos personas desde La Falda, durante el origen mismo de su aventura fatal. Según documentos desclasificados en 1995 por el FBI, un despacho con información de inteligencia firmado por el ex presidente Herbert Hoover sobre los Eichhorn daba la siguiente información: “Antes de que los nazis obtuvieran el poder, ella colocó en su cuenta bancaria 30.000 marcos a disposición de Goebbels”.

A medida que el paseo avanza por el Salón Imperial para fiestas –con sus blancas columnas de hierro y arcadas– los visitantes se enteran de que en un documental realizado por la argentina Cuini Amelio Ortiz para la televisión alemana, en 1995, se presentaron las cartas de Hitler a su matrimonio amigo, donde en 1933 el Führer decía: “Querido señor Eichhorn y querida señora: me permito otra vez en este momento agradecerles por la ayuda financiera que otorgan y que me quita y alivia una parte importante de mis preocupaciones”.

Con ese apoyo, Hitler compró un pequeño avión que utilizaba para su campaña electoral y un Mercedes-Benz que probablemente tuvo un papel logístico importante antes de la toma del poder.
El 15 de mayo de 1935 los Eichhorn fueron invitados a la Cancillería del Reich, donde los condecoró Hitler en persona y recibieron un diploma que decía: “Querido camarada Eichhorn: desde su ingreso en 1924, usted junto con su esposa han apoyado al movimiento nacionalsocialista con enorme espíritu de sacrificio y acertada acción, y a mí personalmente, ya que fue su ayuda económica la que me permitió –en el verdadero significado de la palabra– seguir guiando la organización”.

Esos fondos se recaudaron, principalmente, en las fastuosas cenas de gala que los Eichhorn organizaban para apoyar a Hitler en los salones del Hotel Edén, que se vino abajo junto con el nazismo en Europa.

EL ORIGEN 

Frente al par de leones tallados que custodian la entrada del Edén, el guía explica el origen del complejo. En 1895 un ex oficial del ejército alemán llamado Roberto Bahlcke recorrió a caballo un sector de las sierras de Córdoba y dos años después adquirió 900 hectáreas de la estancia La Falda de la Higuera, para levantar un lujoso hotel. Para ello formó una sociedad y recibió un crédito del Banco Tornquist. En 1898 el hotel, a medio construir, comenzó a recibir a los primeros pasajeros. Pero sus dueños sufrieron duros inconvenientes económicos para pagar la hipoteca.

En 1911 el matrimonio formado por Walter e Ida Eichhorn compra el hotel y decide al mismo tiempo lotear los terrenos de la estancia para su venta, ya que de otra forma no era posible terminar de pagar las deudas generadas por la construcción de semejante mole, aislada de todo. Como resultado de la venta de estos lotes surgiría la ciudad de La Falda.

La majestuosidad del hotel era inimaginable para la época, especialmente en un lugar tan apartado: pese a su ubicación, llegaba mucha gente, incluso desde Europa. El Edén tenía 100 habitaciones con picaportes de bronce, que compartían ocho baños. Había agua corriente, calefacción central, generador eléctrico, fábrica de hielo y cremas heladas, y era autosuficiente en todos los alimentos –incluyendo carne y verduras– salvo las bebidas.

En los jardines del Edén había un patio cervecero de tradición alemana con una hermosa glorieta, exclusivo para los hombres. Las mujeres tenían su patio para tomar el té a la sombra de los fresnos. En dos patios internos con techo corredizo se leía y conversaba en sillones de mimbre. Una cava resguardaba 10.000 botellas de vino fino de origen europeo y había incluso un servicio postal propio para que los huéspedes no perdieran contacto con la familia y sus negocios. El personal vivía en casas anexas y llegaron a ser 250 empleados, es decir, uno por huésped. Entre los servicios había una lavandería con plancha eléctrica –muy de avanzada para la época–, secarropas y esterilizadores, un detalle muy importante para combatir al bacilo de la tuberculosis.

La edificación de dos plantas fue diseñada con un eclecticismo ítalo-francés. En su arquitectura y decoración se puede leer un esoterismo basado en extrañas mitologías que eran admiradas por el nacionalismo alemán: las torres tienen ocho lados, las columnas del primer piso son ocho, los baldosones forman muchos ochos y los vidrios de las ventanas estaban divididos en ocho piezas. Además aún se ve hoy su decoración presuntuosa, con los leones de la entrada junto a la fuente de mármol de Carrara y las ánforas rematando el edificio. En última instancia, el hotel era un templo germánico donde rondaba la idea de la procreación de una raza superior.

Al ingresar al gran comedor del hotel el guía cuenta que allí se hacen hoy eventos sociales. En sus tiempos de gloria, cuando la aristocracia porteña se instalaba aquí por largas temporadas, comían 250 personas a la vez disfrutando de lujosas cristalería y platería, y suntuosas alfombras con cuadros de pintores europeos y estatuas, mientras oían refinados conciertos de piano e incluso importantes orquestas. A las cenas era obligatorio asistir de smoking y se bebía vino del Rin y agua de manantial.

Los atractivos principales eran por supuesto el ocio, la vida social y galante, las conquistas amorosas y acaso también los negocios que se tejían a la par de la amistad. Pero otra de las razones principales por las cuales los sectores más ricos de Buenos Aires buscaban huir hacia el verde de las sierras era la fatal epidemia de tuberculosis que afectó a Buenos Aires durante años.

El tren tenía una parada a 1500 metros del hotel y a los huéspedes se los llevaba primero en carromatos a caballo y más tarde en una flota de autos Ford T que surcaban un camino jalonado por eucaliptos.

Uno de los entretenimientos principales de los huéspedes era la caza del zorro, para la cual había una caballeriza con 60 caballos. También se disponía de cancha de tenis y de bochas, un campo de golf, jardines de invierno, peluquería, galerías cubiertas, una piscina con agua de una vertiente natural y una antena para radiorreceptores que supuestamente sintonizaba los discursos de Hitler e incluso –según la leyenda– permitía transmitir información secreta hacia Alemania.

En el salón de fiestas se exhiben hoy algunas hojas del antiguo álbum de pasajeros. Allí figuran apellidos notables de la oligarquía porteña, como Martínez de Hoz y Anchorena. El guía recita un poema de Rubén Darío escrito en el hotel en 1901 y luego cuenta que tres presidentes disfrutaron las mieles del lugar: Julio Argentino Roca, Agustín P. Justo y Roberto Ortiz. Además se alojaron miembros de la baja nobleza europea, como los príncipes de Gales y Humberto de Saboya, futuro rey de Italia. Una tarde de 1925 Albert Einstein pasó por el hotel. También algunos sobrevivientes del naufragio del submarino nazi Graf Spee trabajaron aquí.

INEVITABLE DECADENCIA Toda “época de oro” se dirige hacia la decadencia. En el caso del Hotel Edén, su decadencia coincidió con la del nazismo. Si bien la dictadura militar de comienzos de los ’40 era proclive al Eje en la Segunda Guerra, tres semanas antes de su final, Argentina le declaró la guerra a Alemania. El apoyo a los nazis por parte de los dueños del hotel los dejaba muy mal parados, y se les impuso una suerte de contrato de alquiler obligatorio para convertirlo en una cárcel de lujo para los diplomáticos japoneses.

En 1947, Perón le devolvió el hotel al matrimonio Eichhorn, quienes rápidamente lo vendieron y se fueron de la ciudad. La fama de cueva de nazis no fue una buena publicidad para el hotel. Pero también comenzaron a cambiar los lugares de veraneo de la oligarquía porteña, que vio sus lugares exclusivos “invadidos” por el turismo sindical y la irrupción de las clases trabajadoras en lugares como la provincia de Córdoba y Mar del Plata, donde también el Hotel Bristol se encontró con el mismo problema. Para colmo apareció la solución a la tuberculosis, así que el hotel fue pasando de mano en mano hacia una inexorable quiebra y cierre definitivo en 1965.

Sumido en el abandono, fue saqueado y vandalizado durante varias décadas. Hasta que en 1998 la municipalidad lo adquirió y lo declaró Monumento Histórico. En 2007 fue concesionado y comenzaron las visitas turísticas, con cuyos ingresos se viene haciendo un lento y sostenido proceso de recuperación.

Actualmente el Edén renace de a poco, aunque está lejos de volver a funcionar como en sus comienzos. Lo habitan, por supuesto, fantasmas, incluso el de Hitler, ya que hay ex empleados que aseguran que estuvo viviendo allí un tiempo. Sin embargo, quien probablemente haya estado aquí en cuerpo y alma fue Adolf Eichmann.

La majestuosa decadencia del Hotel Edén vive un extraño reflujo en este momento, ya que sin dejar de ser un ex hotel –aún ruinoso en ciertas partes– el tiempo parece ir de a poco yendo hacia atrás, en busca de sus antiguos esplendores, aunque queriendo sepultar al mismo tiempo su aura insoslayable de reducto nazi.

\”Cazafantasmas\” británicos aseguran que hay espectros en el Hotel Edén de La Falda

CADENA 3 / 10 de mayo de 2011

Revelan que se escuchan pasos. 

Un grupo de “investigadores” afirma haber constatado esas presencias. Cadena 3 y tres personas que trabajan en el Edén, realizaron la visita nocturna al hotel y no vieron fantasmas. Sí aseguran haber sentido "algo" que no es de este mundo.

Informe de Tomás Villagra.

Según lo que relataron, los “investigadores” británicos constataron lo que ya se insinuaba en las fotografías tomadas por turistas: allí supuestamente se ven imágenes de una nena, una calavera y una mujer vestida de época. Además, aseguran que hasta se escuchan pasos en el hotel.

Para corroborar si esta aseveración tiene alguna verosmilitud, un cronista de Cadena 3, acompañado por tres históricos conocedores del Hotel Edén: Brenda, Roberto y Ariel recorrieron el imponente edificio.

Al final del recorrido, el cronista aseguró que no vio fantasmas, pero sí sintió un frío intenso recorriéndole el cuerpo cuando pasó por ciertos lugares del hotel.

Sí puede dar fe el cronista, que mientras recorría el Hotel con Brenda, Roberto y Ariel, "alguien" que no pudieron definir quién, corrió un cable que había en el camino.

El cronista se sinceró y reconoció que la visita nocturna al Edén le dio "mucho miedo" y cuando ya estaba en el interior del hotel, sintió "un frío intenso" que le recorría el cuerpo.

"Arrancamos apagando las luces del hotel: al principio todo bien, pasamos por un espejo y cuando llegamos a un pasillo el frío se apoderaba de uno", señaló el cronista de Cadena 3
Ariel, el histórico guía del Hotel Edén, corroboró la sensación del arriesgado corresponsal y le dijo: "A mí me pasa siempre".

"Hay algo allí adentro, hay sectroes donde uno puede estar en la fría noche del hotel y te da mucho miedo", aseguró el periodista.

El legendario Edén Hotel resurge de sus ruinas en La Falda

MINUTOUNO / 29 de enero de 2007

El imponente hotel de la ciudad cordobesa está siendo recuperado y pretende volver ser lo que era a principios del siglo 20: un refugio de la oligarquía vernácula. Incluirá un sector de alojamiento histórico, otro con toda la tecnología de vanguardia y un spa.

 

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El majestuoso y legendario Edén Hotel de sus cenizas. Hoy está en pleno proceso de recuperación a manos de la Municipalidad y un grupo de privados, que ya lograron refaccionar el salón de baile y su confitería tal como lucían en aquel esplendoroso pasado de principios de 1900. Y para el futuro le espera un ambicioso proyecto que le devolverá su reinado en La Falda, el que incluye la refacción total del hotel y un spa.

El objetivo del proyecto es recuperar el hotel por completo y hacer uso comercial del mismo. Puntualmente, la idea es resguardar una parte y acondicionarla lo más fielmente a la época de sus inicios, en 1898, para hacer turismo histórico. Por otra parte, se le reacondicionarán algunas habitaciones a la vanguardia tecnológica de estos días para aquel que prefiera las comodidades de la actualidad pero también el aire del pasado. Y por último, un sector separado del edificio central se convertirá en un spa.

“Dentro de lo que es la arquitectura original del hotel se refaccionarán entre 10 y 14 habitaciones con todos materiales y características de época (baño compartido sin bidet, por ejemplo), respetando lo que fue en sus origenes para venderlo como turismo histórico, explicó uno de los guías del Edén Hotel, Ariel Malsani.

Por otra parte, otras dos habitaciones –las suites presidenciales que se encuentran cada una en  la torre de cada ala- serán armadas de la misma manera pero se utilizarán para mostrar en las visitas guiadas futuras. Y por último se hará en el chalet -que es un anexo del 1900- un spá que contará además con habitaciones con toda la tecnología actual a un nivel de cinco estrellas.

Lo que aún no se sabe son los precios que tendrá  la estadía en un lugar tan emblemático cuando se terminen las obras. Lo que sí se sabe es que en el 1900 las habitaciones solían tener un costo de alrededor de US$ 400 por noche a valores actuales. Pasar una noche en el Edén Hotel en 1900 costaba US$ 400.    

Mientras tanto, se pueden hacer visitas guiadas para recorrer este legendario hotel con sus señoriales salones, sus majestuosas escalinatas, sus amplias galerías y sus parques a un costo de $6, dinero que se utiliza en el proceso de refacción. Además, el salón de baile es alquilado para eventos con el mismo fin.  También existe la posibilidad de visitarlo de noche cuando el guia se centra en la parte esotérica que envuelve y envolvió al Edén desde sus comienzos.

El hotel fue construido en 1897 y con él se dio origen a la ciudad cordobesa de La Falda. La obra estuvo finalizada en 1898 y estaba organizado de tal manera que podía autoabastecerse totalmente y hasta proveer a la ciudad. En efecto, poseía huertas, criadero de animales, fábrica de embutidos y hasta una planta generadora de electricidad.

Su  época de mayor esplendor fue entre al segunda década del siglo XX y la Segunda Guerra Mundial cuando su organización estaba a cargo de alemanes. Tiempo después, “el Edén fue adquirido por capitales nacionales y privados y empezó la decadencia”, cuenta Malsani.  Según informó el entendido en el tema, el Edén funcionó como hotel hasta 1965 y su último dueño fue el hermano del líder radical Ricardo Balbín.
En épocas de gloria este imponente hotel recibió la visita de ilustres personalidades como Albert Einstein, el duque de Saboya y los presidentes argentinos Julio Roca, Figueroa Alcorta, Agustín Justo y Ortiz, las familias más adineradas de la oligarquía nacional y hasta al Che Guevara.

En su momento estás familias iban con hijos y criadas y cada uno tenía su habitación en un lugar ya prevísto en la estructura del hotel. Por un lado, a la izquierda del patio central -lugar de fiestas y celebraciones fastuosas- se ubicaban a los hijos de los matrimonios junto con sus niñeras. Seguido, se encontraban las habitaciones de los hombres solteros. Y en la otra ala del hotel, la derecha, se ubicaban los matrimonios. Toda la familia se dirigía al comedor vestida de etiqueta, de modo contrario no podían tener acceso al mismo.

El hotel estaba repleto de reglas de etiqueta y buenas costumbres que debían de ser cumplidas tanto para los huéspedes como para los empleados. Por ejemplo, las señoras tenían su lugar al aire libre, en el cual tomaban el té bien alejadas de de los caballeros, quienes poseían su parque cervecero en la parte delantera del edificio. Otra de las curiosidades es que la orquesta del Edén debía tocar siempre después de las comidas de modo tal que no se escucharan ruidos de lavado de vajilla.

Muchas son las leyendas, el encanto y los secretos que guardan sus paredes. Una experiencia imperdible y fascinante desde el principio y sobre todo prometedora.

La Falda: después de casi medio siglo, el Edén Hotel vuelve a hospedar turistas

LA MAÑANA DE CÓRDOBA / Jueves 01 de Noviembre de 2012

Los concesionarios remodelaron íntegramente una de las antiguas posadas internas. Ya funciona parcialmente, aunque desde el 2 de enero el edificio operará todos los días.

 

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LA FALDA - A 47 años de que cerrara sus puertas de manera definitiva como centro de hospedaje de relevancia internacional, el Edén Hotel de La Falda volverá a brindar alojamiento a los turistas todos los días a partir del próximo 2 de enero. Según anticipó el empresario Leandro Rossi, quien tiene por 30 años la concesión del centenario edificio, el nuevo Hotel Edén Boutique funcionará en una de las impactantes posadas que conformaban el espectacular complejo inaugurado en 1898. La misma fue totalmente renovada y modernizada con detalles de lujo que aseguran todos los servicios y el pleno confort para los futuros visitantes. “Sólo restan pequeños detalles para terminar los trabajos de remodelación. Incluso ya habilitamos algunas habitaciones los fines de semana, pero el hotel en su totalidad estará operable a partir del 2 de enero. Tendrá 16 habitaciones dobles, con cama matrimonial o individuales. El servicio incluye además el desayuno”, precisó Rossi.Desde que obtuvo la concesión del antiguo hotel en el año 2006, el grupo empresario fue restaurando las instalaciones en forma paulatina. Así se recuperó la fachada, la cava, gran parte de la recepción y la suite presidencial, así como parte de los amplios jardines que rodean el edificio principal. “Todos los días se realizan visitas guiadas de 9 a 19, que incluyen una degustación de vinos y fiambres en la cava. También se hacen recorridos nocturnos por los antiguos jardines y las dependencias remodeladas. Quienes se hospeden en el hotel podrán realizar estas actividades sin costo alguno”, continuó Rossi.También las instalaciones recuperadas son escenarios de congresos y actividades culturales como muestras y exposiciones de distinta índole. El hotel, que fuera orgullo de la provincia de Córdoba entre 1898 y 1965, apuesta en forma progresiva a recuperarse como centro de recepción y hospedaje de turistas, aunque difícilmente llegará a tener la misma capacidad de 200 personas de la que gozó a mediados del siglo pasado.La habilitación de este posada constituye un hecho muy importante para La Falda, puesto que mucha gente que llega a las visitas guiadas siempre pedía poder hospedarse en el lugar, tal como lo hicieron sus padres o abuelos en los años de esplendor.

Centenaria historia

El Edén Hotel terminó de construirse en 1898 con el fin de atraer especialmente a las familias adineradas de Argentina y Europa.El edificio tenía dos plantas, 100 habitaciones y sólo 4 baños por piso. Las remodelaciones de años posteriores sumaron otros 34 baños, un salón comedor para 250 personas y otro para fiestas, un comedor auxiliar para niños y personal doméstico, sala de lectura, dos jardines de invierno, bar, galería cubierta y dos balcones desde los que se apreciaba el parque donde se exhibía una fuente de mármol con una estatua de león a cada lado y los miles de árboles traídos desde Europa. El hotel se autoabastecía con una usina eléctrica propia, calefacción central, talleres, una quinta y corrales para el procesamiento de todos los alimentos que se consumían. Todo su mobiliario, vajilla, cristalería, platería, alfombras, pianos y pinturas fueron traídos desde Europa. El Edén fue construido a partir de una sociedad entre Roberto Bahlcke, un ex oficial del Ejército alemán; el suizo Juan Kurth y la empresaria germana María Herbert de Kreautner. En enero de 1898, con apenas la mitad del hotel construido, comenzaron a llegar los primeros pasajeros. Por problemas económicos, la sociedad se disolvió en 1904 quedando Herbert de Kreautner como administradora. En 1912 el hotel es adquirido por los hermanos Walter y Bruno Eichhorn. La cercanía de Walter y de su esposa Ida al nazismo provocaron en 1945 que el hotel fuera incautado por el Estado nacional y utilizado como una prisión de lujo para los miembros de la diplomacia japonesa.En 1947, tras la llegada de Perón al gobierno, el hotel es devuelto a sus dueños quienes lo ponen a la venta casi inmediatamente. La historia oficial señala que el comprador fue la firma conocida como Tres K, mientras que la leyenda y el misterio indican que la propiedad fue adquirida por Juan Duarte, hermano de Eva, la esposa de Perón. La firma Tres K contrae una deuda que no puede ser levantada y, en 1953 se decide el remate. La última temporada se dio en 1965, luego de la cual, cerró sus puertas como hotel en forma definitiva. En 1998 el municipio de La Falda adquirió la propiedad y en 2006 la concesiona a manos privadas.

Los fantasmas nazis del Hotel Edén

LA VOZ DEL INTERIOR / Edición Impresa / Suplemento Temas / Domingo 29 de abril de 2007

Por la relación de sus ex propietarios, la familia Eichhorn, con el nacionalsocialismo alemán, el famoso predio de La Falda tiene un pasado íntimamente ligado con Hitler, a tal punto que, al perder la guerra el Tercer Reich, fue expropiado como “propiedad del enemigo”.

Jorge Camarasa

Especial

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A casi 62 años de la capitulación del Tercer Reich, que se cumplirán el próximo 8 de mayo, y cuando el mundo entero acaba de celebrar la gesta heroica de la sublevación del gueto de Varsovia, el viejo Hotel Edén de La Falda, el más acabado símbolo del capítulo cordobés del nazismo, sigue esperando que una mano milagrosa lo salve de una vez del abandono y lo restituya a sus épocas de esplendor.
Aún monumental, saqueado y desde hace años viviendo de sus recuerdos, sus paredes encierran todavía el prólogo a una historia negra: la de los nazis y criminales de guerra llegados a la Argentina al amparo del primer gobierno peronista.
Es que si en la década del ‘20 y principios de la del ’30 el hotel fue una especie de carísimo paraíso frecuentado por artistas, multimillonarios y aristócratas, en los años que van entre 1935 y 1945, sus dueños –Walter Eichhorn, sus hermanos y su esposa Ida– fueron recaudadores de fondos para el sostenimiento en el poder de Adolf Hitler, y el Edén de La Falda fue uno de los más importantes centros de propaganda nazi del interior del país.
Con el correr del tiempo, a los datos objetivos se les agregaría la fantasía, y versiones disparatadas iban a asegurar que en el hotel se habría hospedado el mismísimo Führer, escapado de Alemania antes de la caída de Berlín. Era ridículo. Y sin embargo, en la historia del Edén, las leyendas no alcanzarían para ocultar la realidad. 

El sueño de un prusiano. El Edén (el que en toda su papelería y documentos oficiales figura como Eden, sin acento) había surgido del sueño de Roberto Bahlke, un coronel prusiano que en 1895, durante un viaje a la Argentina, había descubierto el lugar mientras paseaba por las sierras.
Por entonces, La Falda todavía no existía, y las laderas del cerro El Cuadrado que daban al valle de Punilla parecían los confines del mundo. Las dificultades para abastecerse y los costos de mantenimiento conspiraban contra el proyecto, y aunque al principio los negocios caminaron bien, Behlke no tardó en endeudarse y tuvo que aceptar socios al quedar al borde de la quiebra. Primero formó parte de la sociedad el grupo Tornquist; luego una mujer, María Krantner, que lo explotaría durante ocho años, y recién en 1912 el Edén empezaría a despertarse y a caminar por sí mismo. Los autores del milagro también eran alemanes, y la historia, finalmente, la escribirían ellos. 

Los mejores años. Los hermanos Walter, Bruno y Arno Eichhorn habían comenzado por comprar el establecimiento y una estancia, y el primero de ellos, con su mujer Ida Bonfert, se pondrían enseguida al frente del negocio. Iban a hacer maravillas, y en menos de lo que tarda en decírselo, el Edén se iba a convertir en un hotel de 100 habitaciones y 40 baños; comedor para 250 personas; bodegas repletas con los mejores vinos y salones decorados con arañas de Murano y mármoles de Carrara, adonde las familias más aristocráticas de la Argentina empezarían a llegar con su propio personal de servicio a pasar largas temporadas.
En los años siguientes, cuando la Primera Guerra Mundial hiciera de Europa un lugar poco acogedor, el hotel alcanzaría su apogeo. Según los registros de huéspedes que aún se conservan, allí se alojarían científicos como Albert Einstein, poetas como Rubén Darío, presidentes como Julio Argentino Roca y Agustín P. Justo, y príncipes como el italiano Umberto de Saboya.
Las instalaciones contaban con un cine propio, frigorífico y generadores de energía, y el crecimiento de La Falda, hasta entonces un caserío incipiente, se construiría a la sombra de su influencia.
A partir de los años ’30, sin embargo, el Edén iba a adquirir algunas características particulares, y algunos de sus dueños, particularmente Walter e Ida Eichhorn, serían justamente sospechados de nazismo e investigados hasta por el FBI.
Amigos íntimos. Un documento del Federal Bureau of Investigation desclasificado hace unos años y fechado el 17 de setiembre de 1945, dice en uno de sus párrafos: “(...) Si el Führer tuviera en algún momento dificultades, él podría encontrar un refugio en La Falda, donde ya se han hecho los preparativos necesarios”. El paper, que menciona además a “frau Eichhorn” y a su hotel, tiene la particularidad de estar fechado cuatro meses y 10 días después de que Hitler se suicidara en el búnker de la Cancillería, en Berlín, y forma parte de una serie en la que el FBI investigó la supuesta huida del jefe nazi hacia la Argentina, una hipótesis que resultaría disparatada.
En el origen de la sospecha, sin embargo, estaba en la investigación que los americanos habían hecho sobre los Eichhorn, a quienes miraban con cierto interés desde bastante tiempo antes.
Lo que los espías de Washington sabían es que Walter e Ida habían sido amigos personales de Adolf Hitler y de algunos de sus oficiales de estado mayor, con los que se carteaban y se veían cada año cuando viajaban a Alemania, y que la pareja era una activa recaudadora de fondos entre la comunidad germana en la Argentina, que hacía sus donaciones para que luego fueran enviadas a Berlín.
Las primeras informaciones de inteligencia las habían recopilado a través de la embajada en Buenos Aires, y al poco tiempo habían construido un dossier sobre los Eichhorn que abundaba en detalles.
Entre las cosas que los americanos sabían, era que ya en 1935, durante un viaje a Europa de la pareja, el 15 de mayo habían sido recibidos en la Cancillería del Reich y condecorados por el jefe del partido. “Querido camarada Eichhorn”, había dicho un teatral Adolf Hitler ese día. “Desde su ingreso en 1924, usted y su esposa han apoyado al movimiento nacionalsocialista con enorme espíritu de sacrificio y acertada acción, y a mí personalmente, ya que fue su ayuda económica la que me permitió –en el verdadero significado de la palabra– seguir guiando la organización”.
Tal colaboración se haría más efectiva en los años siguientes, hasta tal punto que Ida Eichhorn y su esposo, en las sierras, durante el verano de 1944, recaudarían el equivalente a 30 mil marcos de la época, que habían sido enviados a Berlín a nombre del ministro de Propaganda, Joseph Goebbels.
El apoyo al nazismo que había mencionado Hitler en su discurso, alcanzaría luego otros niveles de canalización. Según recordaría el historiador local Carlos Panozzo, en los últimos meses de la guerra, La Falda había pasado de ser un centro de recaudación a un lugar de refugio, y en el puesto policial cercano al Edén, 1.200 alemanes recién llegados iniciarían el trámite para obtener documentos argentinos, alegando que estaban radicados allí.
El hotel era un centro de propaganda nazi cuyas actividades apenas se disimulaban, y viejos empleados todavía recuerdan los utensilios de cocina y parte de la vajilla, grabados con la cruz esvástica. Según reconstruyera el historiador Panozzo, además, “los discursos y arengas de Hitler, en su momento de mayor auge, eran captados por una antena de onda corta levantada en el techo del Edén, y retransmitidos dentro y fuera del hotel por altoparlantes”.
En uno de los salones reservados, un gran retrato de Hitler, autografiado, presidía las ceremonias privadas de los Eichhorn, y antiguas fotografías de Arturo Francisco, el primer fotógrafo de La Falda, muestran el retrato rodeado de ofrendas florales, como si el salón fuera un lugar de culto.
Era tan pública la actividad pronazi de los Eichhorn, que una carta enviada a unos amigos alemanes, reproducida en un filme documental, dice textualmente: “(...) La Falda es enteramente obra nuestra y por lo tanto tiene un fuerte tinte alemán. Obviamente, nos hemos preocupado muy bien en que el pensamiento político de toda nuestra gente sea sin excepción nacionalsocialista”.

La Falda tiene un hotel que es el edén de los fantasmas

 

DIARIO EL POPULAR / Mas allá del Misterio / Jueves 24 de junio de 2013

Relatos de apariciones y presencias en el hotel Edén que hielan la sangre.

 

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El aspecto fantasmagórico de lo que queda en La Falda, Córdoba, de la más que centenaria edificación del mítico hotel Edén, un auténtico spa de lujo que en la primera mitad del siglo pasado  que llegó a tener entre sus huéspedes a príncipes y presidentes, aloja hoy espectros que se  manifiestan en una inquietante sucesión de episodios paranormales.

Los trabajadores que se desempeñan tanto como cicerones de las visitas guiadas que tienen lugar  en lo que fue el gran hotel que empezó a ser construido en 1897, aseveran que presencias, ruidos,  sombras y hasta apariciones componen el estremecedor panorama que impera en los enormes  salones vacíos y las ruinas de las más de cien habitaciones del Edén. Estudiosos de fenómenos de difícil explicación aseveran por su parte que el viejo hotel es una cantera inagotable de ese tipo de  manifestaciones entre las que se destacan tres fenómenos impresionantes que se repiten con  reiterada frecuencia, según pudo saber MAS ALLA DEL MISTERIO.

Una de esas anomalías comprobadas por los testigos es la presencia que se percibe en un grupo de habitaciones de la planta superior del espíritu de una nena que murió por tuberculosis, la aparición  por lo general en las alturas de la escalera del hall central del espectro de una de las primeras  dueñas y las travesuras de un niño fantasma que se resiste a abandonar una dependencia exterior del edificio central en la cual perdió la vida.

Turistas que forman parte de esas visitas organizadas la Municipalidad de La Falda, propietaria del  hotel desde 1998, han quedado perplejos cuando algunos de sus hijos de corta edad les  transmitieron su deseo por ir a jugar a una de las habitaciones abandonadas donde, afirman los chiquitos, fueron convocados por otra nena que en realidad, comprobaron luego los adultos, no  existe.

Si bien los visitantes más pequeños se han topado ante este tipo de manifestación, la experiencia de los mayores no es menos impresionante: hay quienes aseguran que al ingresar en una de esas  habitaciones donde los chiquitos cuentan que hay una nena como ellos que los llama para jugar,  experimentan un brusca y helada corriente de aire que surca el cuarto La historia que han podido reconstruir en ese sentido los investigadores revela que a mediados de la década del 20, la calidad  del aire de la zona serrana en que se levanta el hotel llevó a sus dueños a ofrecer como servicio lo  que sería un anticipo ganaría mercado como turismo de salud. En ese caso y siguiendo la  experiencia de otros establecimientos hoteleros situados en las sierras, el hotel recibía a pacientes  enfermos de tuberculosis, enfermedad que por aquel entonces hacía estragos. Así, puntualizan los  investigadores y los guías locales del Edén, la anomalía registrada en esas habitaciones responde al  espectro de una chiquita afectada de ese mal que fue huésped del hotel pero que el aire  cordobés no logró alivianar su dolencia. Es más. Hay quienes sugieren que la nena fallecida en el  hotel era la hija de un afamado médico que intentó sin éxito que la pequeña alcanzara la curación de  sus mancillados pulmones.  

La dueña

 Otro de los fantasmas que habitualmente dicen presente en el Edén es la aparición del espectro que  los testigos definen como la figura de una mujer que, al ser comparada con fotos de época, resulta  tener un parecido notable con una de las primeras dueñas de aquel spa de lujo. La aparición definida como una presencia envuelta en blanco que suele aparecer en el tramo superior de la espectacular  escalera que vinculaba la recepción con la planta alta, es asociada con María Krautner quien fue  una de las propietarias del Edén que vivió en el lugar entre 1904 y 1912, año de su muerte a causa  del cáncer.

El tercero de los fenómenos paranormales más espectaculares que tiene el Edén es el del alma en  pena de un bebé que nunca ha abandonado una casa exterior del hotel utilizada habitualmente como oficina y lugar de estar de los trabajadores del lugar. Allí también los ocasionales testigos han visto  sombras moverse en forma vertiginosa y al igual de lo que ocurre con la zona de habitaciones  donde reside el fantasma de la niña que murió tuberculosa, los abruptos cambios de temperatura en  la vivienda marcan la presencia de la anomalía. La versión que fortalece la presencia de ese  pequeño fantasma proviene de los vecinos del hotel. Según aportan, en ese lugar ocurrió en los  primeros años de funcionamiento del hotel un hecho horripilante: una criatura de 18 meses murió a  causa de la hipotermia ante un descuido de sus padres. Desde entonces, parece ser que ese  espíritu reclama el calor que no tuvo a causa de una negligencia.

Los discursos de Hitler al sol y en las sierras

En realidad el Hotel Edén es un reservorio de historias y leyendas entre las cuales el vínculo de sus dueños con el nazismo ha dado lugar a diversas interpretaciones. Los guías de las excursiones suelen relatar que los dueños Bruno y Walter Eichform tenían pensado ofrecer el hotel como el  refugio para ocultar a Adolf Hitler tras el final de la Segunda Guerra Mundial. La simpatía de los propietarios del Edén por el Tercer Reich era tal que los discursos del führer eran captados por una  antena de onda corta montada en el techo y transmitidos al resto del hotel por medio de ltoparlantes.

Murmullo de comensales en el salón vacío

 Algunas de las escenas del sensacional film de terror de Stanley Kubric, El Resplandor, muestran al desquiciado Jack Torrance, el personaje magistralmente interpretado por Jack Nicholson, sumirse  paulatinamente en la locura entre el murmullo de comensales fantasmas que aparentemente desbordan el gran salón comedor vacío del enorme hotel que debe cuidar junto a su esposa y el  pequeño hijo de ambos hasta la temporada siguiente.

Si bien el Edén de La Falda no es el hotel Overlook que la película de 1980 sitúa en Colorado,  Estados Unidos, hay testigos que aseguran que en el centenario alojamiento cordobés de cien  habitaciones, decenas de voces pueden percibirse a veces entre el ruido de las vajillas y el febril  taconeo del ir y venir de los mozos. Personal que trabaja en el mantenimiento del edificio en La Falda  precisó que en algunas oportunidades esos murmullos se escuchan nítidamente y en otras es  apenas un susurro el que se filtra en los oídos de algún solitario empleado que debe cruzar esa gran sala desierta, por lo general, a paso acelerado.