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History Channel en el Eden Hotel

Investigación y producción de documental televisivo

A 70 años de la Internación Japonesa en el Eden Hotel

En marzo de 1945 la Argentina, declaró la guerra a Japón y a Alemania. El día 20 de abril el embajador Tomii y su familia son trasladados junto a su séquito en el tren presidencial a La Falda. A diferencia de otros países sudamericanos debido a la presión norteamericana de “canjear empleados japoneses que estaban trabajando en dichos países por prisioneros norteamericanos”, nuestro gobierno prefirió “internarlos” en el Eden Hotel.

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El gobierno argentino tuvo la deferencia (Muestra de respeto y cortesía) de continuar el pago del el sueldo que ganaba en la Embajada. También le facilitó, cosa no muy común en esa época, un radio cajón para que el matrimonio pudiese escuchar las noticias de la guerra.

A diferencia de otros países sudamericanos debido a la presión norteamericana de “canjear empleados japoneses que estaban trabajando en dichos países por prisioneros norteamericanos”, nuestro gobierno prefirió internarlos, especialmente en la provincia de Córdoba a estos empleados japoneses en lugar de canjearlos. aunque no podían salir del hotel y estuvieron incomunicados, eran muy respetados por las autoridades y empleados de dicho albergue. Permanecieron once meses en el establecimiento.

Una \”orquesta\” en un armario del Eden Hotel allá por el año 1900

El ingenio humano no tiene límites y por ello mucho antes de que existieran los mp3, los cds y los discos de vinilo ya se habían inventado máquinas que eran capaces de tocar la música de toda una orquesta por si solas. Se les llamaba orchestriones y comúnmente tenían el aspecto de un armario elegante.
Según registros gráficos del hotel, en su comienzo el establecimiento contó con uno de estos magníficos aparatos que poseía 240 voces, publicitándolo como único en todo el país. Se encontraba situado en uno de los laterales del salón principal.

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El sonido se producía generalmente por tubos, y mediante instrumentos de percusión como martillos que golpeaban campanas, tambores, triángulos, etc. Muchos contenían un piano también, e incluso un sistema de arcos que frotaban cuerdas para hacer sonidos de instrumento de cuerda.

Tipos de orquestriones

Además, en el libro diario de la Sociedad  "Estancia La Falda y Eden Hotel", se puede observar cómo resaltan en algunos asientos contables las compras de "partituras" para este tipo de máquinas, capaces de reemplazar una orquesta en aquellos años. Cabe citar como ejemplo, una operación comercial correspondiente al 18 de enero de 1900, en el que se adquirió a la empresa Breyer Hnos unas 8 piezas para el orquestrion del Eden Hotel por un total de 224 pesos de aquel entonces.

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En su funcionamiento, la maquina utilizaba un rollo de papel con unos agujeros para saber las notas que debían ejecutarse. Bastaba con cambiar el rollo y poner otro con una ‘partitura’ diferente y la máquina lo interpretaba sin errores.

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Durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX prometieron un futuro próspero pero la  invención del gramófono acabó con ellas. Con la aparición de los registros sonoros todos estas increíbles invenciones ingeniosas quedaron obsoletas, debido a que resultó ser por un lado más fiel a la realidad la música de un gramófono que la de una de estas máquinas, y por otro, más económico. A continuación compartimos algunos videos que nos muestran a estos tipos de máquinas en acción.

Un acontecimiento para no olvidar

"Para un comandante que tiene sentido del honor se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío"
Hans Langsford
Comandante del acorazado Admiral Graf Spee

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Se cumplen 74 años del fin del Acorazado alemán Admiral Graf Spee, episodio ocurrido el domingo 17 de diciembre de 1939, apenas comenzada la Segunda Guerra Mundial. La nave fue hundida por su propia tripulación en aguas uruguayas tres días más tarde de protagonizar la Batalla del Río de La Plata junto a tres buques de la armada británica.
Después de las detonaciones que destruyeron el barco por orden de su capitán, casi el total de la tripulación fué embarcada en remolcadores argentinos hacia Buenos Aires. Una vez allí, se procedió a la internación de la misma.

A continuación, se expone el testimonio de unos de los protagonistas de esta historia.

Durante el año 2003, en uno de los chalets del barrio Villa Edén de la ciudad de La Falda, vivía el Capitán de Corbeta retirado Friedrich Wilhelm Rasenack, en ese momento el oficial sobreviviente de mayor jerarquía del desaparecido Acorazado alemán Graf Spee. Con noventa años y una lucidez asombrosa, relató detalladamente las batallas, los éxitos y el hundimiento de la nave, en una entrevista exclusiva con integrantes de la revista ATP de la localidad de La Falda.

Una vida dedicada a la marina

Con tan sólo dieciocho años, siendo cadete de la Escuela Naval Alemana, Rasenack sufrió en carne propia el naufragio de una fragata en el Mar Báltico, similar a la “Fragata Libertad” de la Armada Argentina. Cuenta que en la tragedia la mayoría de los marineros perdieron la vida y, como uno de los sobrevivientes comentó: “Me salvé luego de nadar más de una hora en el mar y ser rescatado por un barco”.
El primero de enero de 1936 se embarcó en el Acorazado de Bolsillo (denominado así por sus pequeñas dimensiones, consecuencia de las condiciones impuestas en el Tratado de Versalles) Graf Spee, como Teniente Primero, Técnico de Artillería y donde cumplió fundamentales funciones de mando. La embarcación se encontraba en aguas caribeñas el 1 de septiembre de 1939, cuando su patria atacó a Polonia, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial. “Nos dirigimos hacia el Atlántico Sur con la tarea de hundir barcos ingleses y franceses”, argumentó.

La Batalla del Río de La Plata

Luego de causar desastres a la marina mercante aliada y de hundir doce de sus barcos en el sur del globo, el Graf Spee dio inicio a su última batalla en la desembocadura del Río de La Plata: “Estábamos regresando a Alemania porque necesitábamos una reparación de nuestros motores diesel, que estuvieron en marcha cuatro meses seguidos. En el camino hundimos un navío mercante inglés y nos enteramos de la existencia de otros en la zona del Río de La Plata. Giramos al sudoeste y nos dirigimos allí”.
Pero el 13 de diciembre el Graf Spee se topó con tres barcos de la Marina de Guerra Inglesa y empezó la batalla. El acorazado alemán recibió alrededor de veinte impactos que atravesaron su coraza, siendo de particular gravedad sólo uno que destruyó por completo el equipo de limpieza de los motores, mientras que en el bando contrario, el “Achiles”, el “Ajax” y el “Exeter” resultaron averiados. “Teníamos combustible para un solo día y nuestro Capitán Hans Langsdorf eligió el puerto de Montevideo, pero nunca se imaginó que allí los ingleses tenían el mando”, enfatizó Friedrich, recordando la situación del barco. La tripulación del Spee necesitaba por lo menos diez días para efectuar las reparaciones de la nave, pero el gobierno uruguayo sólo le concedió cuatro.
Ante el difícil contexto y confirmada la presencia de varios navíos de la Armada Inglesa (incluyendo un portaaviones), esperando a su codiciada presa en esas aguas, Langsdorf tomó la decisión de hundir su barco y de llevar a la tripulación a la Argentina, lo que evitaría un inútil combate y el riesgo de que sus hombres caigan prisioneros en manos de los aliados.
Fue para Rasenack el día más triste de su vida. Cumpliendo con la trágica orden de su capitán, Friedrich empezó con los preparativos necesarios para efectuar a posterior la voladura de la nave: “Con granadas de mano volamos todas las direcciones de tiro, con martillos rompimos los tableros y los gobiernos a distancia, y así instalación tras instalación, para evitar que los secretos de la marina alemana lleguen a manos enemigas”. Para asegurar la voladura del barco, Rasenack preparó la voladura automática con circuitos separados. Sin poder olvidarlo, recordó el último vistazo a sus pertenencias, que pronto formarían parte del fondo del mar: “Llevé mi sable al camarote, para que no caiga en manos de un coleccionista. Muchas cosas dejé allí. Todos los recuerdos que durante años habían ordenado mi camarote. Todos mis efectos y afectos personales, inclusive mis uniformes y mi vestimenta civil. Les di un último vistazo. ¡Para qué llorar si así es la guerra!”. Era la tarde del 17 de diciembre, y el Graf Spee levantó por última vez su ancla. Unas horas más tarde comienzan las primeras explosiones y, como cuenta su testigo: “¡El Spee parecía un volcán!”. Toda su tripulación fue transportada en remolcadores y barcos argentinos a Buenos Aires. Unos días más tarde, su capitán, el hombre que Rasenack y sus camaradas tanto admiraban, se quitó la vida.

Más aventuras

“Tres meses más estuve internado en la Argentina. La hospitalidad que nos brindaron los argentinos y los alemanes fue extraordinaria. Me ha llevado a amar a este país y a sus habitantes”. Pero sin lugar a dudas, sus pensamientos y preocupaciones estuvieron siempre en Alemania “No podía aceptar una vida tranquila, cuando sabía que mis hermanos seguían luchando”. De esta manera, al ser distribuida la tripulación en distintos sectores de Argentina y al decidirse la internación de los oficiales y suboficiales en la isla Martín García, Rasenack, junto a otros diez camaradas, emprendieron la fuga para regresar a su lejana patria: “Como ingeniero Chescolovaco llegué hasta Chile. Desde allí proseguí mi viaje como viajante en vinos de nacionalidad búlgara. Sobre un barco italiano fui internado, junto a un camarada, en la zona del Canal de Panamá, por la policía secreta norteamericana. Luego de hacer amistad y mediante la ayuda de ésta, conseguimos transbordar a un vapor japonés y pasamos por México, EEUU, cruzamos el Pacífico y llegamos a Japón. Recorrimos Corea, Manchuria, Liberia y Rusia como comerciantes alemanes y finalmente llegamos a Alemania el 1º de septiembre de 1940, exactamente un año después del comienzo de la guerra”. Una vez en su patria, le asignaron su nuevo destino: “formar parte del alto mando del destructor Tirpitz, gemelo del Bismarck”, pero ésta, ya es sin lugar a dudas, otra gran historia.

Han pasado muchos años, y otra vez se acerca la navidad. Muchos tripulantes del Graf Spee han vuelto a la Argentina. No obstante, muchos se habían quedado. Pero tanto los primeros como los segundos, encontraron una nueva vida y sembraron su hogar. Por su parte, Rasenack regresó a nuestro país en 1948 y se instaló en Buenos Aires. Trabajó para Orbis y fue jubilado de esta firma. “Al arribar nuevamente a la Argentina, comenzó mi segunda vida”, contó. Hacía veinte años que había decidido instalarse en las sierras cordobesas.
Durante la internación, alrededor de doscientos marineros fueron destinados a distintos puntos de la provincia de Córdoba, llegando siete tripulantes a formar parte del personal del Eden Hotel de La Falda.
Y así fue como la decisión del Capitán de Navío Hans Langsdorf resultó, para los 1050 tripulantes del acorazado alemán Graf Spee, el destino de sus vidas, a lo que sin vacilar y con la frente bien en alto, Rasenack agregó: “También de mi vida”.

Una vida dedicada a La Falda

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El pasado 11 de diciembre se cumplió el 132 aniversario del nacimiento de una de las mayores y distinguidas personalidades pertenecientes a la colectividad alemana en la Argentina, y a su vez, un icono indiscutible tanto en la historia del Eden Hotel como en el desarrollo y progreso de La Falda. Su nombre fue Ida Bonfert nació en la población de Heltau en la región de Siebenbürgen en Rumania, donde desde hace siglos hasta la fecha, vive una reducida población alemana.

En el año 1909 llega a la Argentina a bordo del barco “Konig Friedrich August”. Junto a su esposo Walter Eichhorn y su cuñado Bruno, adquirieron el Eden Hotel y Estancia La Falda a la Señora Maria Herbert de Kreautner en mayo de 1912. A partir de ese año, La Falda comenzo a vivir epocas de gloria y bonanzas.

Por aquellos años el objetivo era el desarrollo de una población con estilo alemán en este hermoso rincón de las sierras de Córdoba. No sólo comercialmente autosuficiente, sino también logrando en el aspecto artístico una armonía entre naturaleza y arquitectura.Para muchos aquel viejo objetivo en su momento fue logrado.

Pero la historia nos enseña que no fue para nada fácil. Hubo muchas dificultades, grandes obstáculos que debieron superar y hasta derrotas que hubo que aceptar. Paralelamente al loteo de tierras iniciado en 1913 un año más tarde comienza la primera guerra mundial, y la familia Eichhorn como muchas otros alemanes fueron colocados en la “Lista Negra”.

En el año 1924, a la edad de 43 años, Ida conoció personalmente a Adolph Hitler en un viaje que realizó junto a su esposo a Alemania. Ambos simpatizaron con una causa que creyeron justa y oportuna en momentos de la gran decadencia de Alemania después de la Primer Guerra Mundial (1914-1918).

Luego de atravesar y sobresalir la grave crisis mundial de 1930, llegaría el final de su trabajo de pioneros a causa de la confiscación de las propiedades alemanas en nuestros país al final de la Segunda Guerra Mundial.

Retirada de la vida pública, Ida dejó de existir en 1964 a los 83 años de edad, para transformarse en una de las más trascendentales figuras de la historia local.

Ella y su esposo Walter, recorrieron y compartieron juntos casi 50 años de vida para y por La Falda.

Cien años

Hoy 17 de Noviembre de 2013 se cumple un centenario. Cien años de una decisión tomada por dos hermanos alemanes junto a sus esposas, a raíz de una difícil situación económica que atravesaban en 1913 para saldar una gran deuda.

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Una deuda que de a poco los fue llevando a desprenderse de las casi 900 hectáreas pertenecientes a su Eden Hotel. De esta manera, se inició un loteo que con el correr de los años dió origen a la ciudad de La Falda.

"Entre los señores Eichhorn Hnos. por una parte y el señor Emilio Werner por otra, se ha convenido lo siguiente:Los señores Eichhorn Hnos. venden de su propiedad, denominada “Estancia La Falda” al señor Emilio Werner una fracción de tierra, situada en la loma, que da al norte desde el hotel, la ubicación exacta, como también la superficie, que no debe pasar de una hectárea y media, serán fijadas por el Ingeniero, señor G. Goldammer.-El precio es de 40 cts., de curso legal por metro cuadrado, debiendo abonar el señor Werner la suma de Quinientos pesos m/legal, como seña.-La presente venta tiene por condición, que el señor Werner empiece a edificar sobre este terreno en el término de un año, caso contrario la venta queda nula, perdiendo además el señor Werner la seña pagada.Este boleto de venta debe elevarse a instrumento público dentro de los seis meses a contar de la fecha, en cuyo acto el señor Werner abonará el saldo del importe total de la compra...."

El Edén como espacio imaginario

LA VOZ DEL INTERIOR / Suplemento Temas / 30/10/2011

El Edén como espacio imaginario. Además de ser objeto de numerosos documentales e investigaciones, el legendario hotel de La Falda también inspiró obras de ficción, como novelas y una reciente serie televisiva.

Por José Heinz

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Hay algo mágico en los hoteles. Se trata de algo propio de su funcionalidad, de los servicios que ofrecen a sus huéspedes. Un visitante puede realizar una pequeña fiesta puertas adentro de su habitación y al otro día, al cabo de unas horas, la volverá a encontrar ordenada y perfumada, como si nada de lo sucedido la noche anterior hubiera ocurrido, como si en cada jornada las cosas regresaran a su punto de inicio de forma inevitable.

Desde luego que esa supuesta magia tiene una explicación sencilla: el silencioso trabajo de los empleados. En cada hotel, a medida que aumente su lujo o categoría, mayor será el comfort que ofrezca, mayor el pacto de fantasía con su invitado de turno.

Al hablar de hoteles con magia y fantasía, es difícil no mencionar al emblema de la localidad de La Falda. Lejos de la construcción seriada que caracteriza a las cadenas internacionales, el legendario Hotel Edén, ubicado a unos 76 kilómetros al noroeste de la ciudad de Córdoba, es único en su clase. No hubo ni habrá otro igual. No sólo por los detalles en su construcción o la belleza y comodidad de sus espacios, sino además por las historias que atesoran sus paredes. Algunas de esas historias fueron sacadas a relucir con el correr de los años; otras quedarán para siempre en el irrebatible apartado de las leyendas.

En las primeras décadas del siglo 20 visitaron el Hotel Edén personalidades como los presidentes Julio A. Roca y José Figueroa Alcorta, el príncipe de Gales, el duque de Saboya y el escritor Rubén Darío, además de muchas de las familias más distinguidas de la época. Y existen versiones que indican que por allí también pasaron otros personajes fundamentales de la historia, como Ernesto “Che” Guevara, Albert Einstein y Adolf Hitler.

El vínculo del Edén con el nazismo es, de hecho, uno de los temas que más resonancia ha obtenido puertas afuera de La Falda, y ha disparado una serie de investigaciones y documentales que intentan dar cuenta de esa relación.

Con el correr de los años, sin embargo, las obras que inspiró el Edén no quedaron limitadas a registros de tono periodístico o histórico, sino también a búsquedas más estéticas y subjetivas, donde la ficción cumple el papel fundamental de unir puntos invisibles, otorgar verosimilitud allí donde los hechos no pueden ser comprobados.


Producción cordobesa. La última de esas aventuras es la serie televisiva Edén , que se transmite desde comienzos de octubre los lunes a las 23.30 por Canal 10. Realizada por un equipo técnico integrado por cordobeses, cuenta con un elenco conformado tanto por actores de Buenos Aires como locales. Además, fue filmada completamente en La Falda, en el lapso de unas 10 semanas. Edén consta de 13 capítulos de media hora de duración, cada uno dedicado a alguna de esas visitas célebres.

“La serie retrata al Edén desde la compra por parte de alemanes a su primera dueña, hasta la decadencia del hotel, en consonancia con la decadencia propia del régimen nazi. Buscamos verosimilitud, por supuesto, pero no a nivel de veracidad histórica, sino algo que nos cierre; hicimos de una realidad una ficción y una ficción de una realidad. En la serie se aclara que cualquier coincidencia con la realidad es eso, mera casualidad. De hecho, los nombres de los dueños del hotel están cambiados. Pero se presenta esa ficción como una realidad en sí misma”, detalla Santiago Villois, uno de los encargados del guión de la serie, producida por Oruga Films (la misma que realizó la película Hipólito y ganadora en diciembre pasado de un concurso impulsado por el Incaa).

Sobre el origen de la idea inicial, describe: “Un día, Maximiliano (Baldi, el director) y Ana (Chacón, coguionista) fueron de visita al Edén. Allí se interiorizaron de su historia y se les ocurrió la idea de realizar un producto audiovisual, lo que derivó, a través de la productora y el concurso del Incaa, en el proyecto de esta serie”.

Lo primero que hicieron fue em­paparse de la historia. Comenzaron a buscar en periódicos, libros y filmaciones de la época toda la información disponible. Trabajaron tanto con diarios alemanes como de otros países para analizar el panorama político de aquel momento, pero, sobre todo, para ver cómo asimilaba la gente el proceso de la Segunda Guerra Mundial.

“Después nos metimos en la versión apócrifa del hotel, que fue la que en realidad más nos gustó. A partir de allí desarrollamos, en base a las leyendas que existen, una ficción que va y viene entre lo que fue la realidad y los mitos, como el nazismo, los tesoros ocultos o los viajes”, explica Villois.

El guionista agrega que también trabajaron mucho con películas de época, para estudiar el nivel de representación. Asimismo, los medios gráficos internacionales fueron un soporte ?muy importante para la historia, fundamentalmente por la visión que se tenía del nazismo en la época.

“Tuvimos que trabajar un Hitler que no es el que se ve en los documentales, sino uno de entrecasa, en el año 1920, previo a la Segunda Guerra Mundial, amable, educado. El que se ve en la serie es un Hitler que es más bien un tipo de café, íntimo amigo de los dueños del hotel”, explica.

En la serie se muestran personajes muy conocidos pero en situaciones que no son las típicas con las que cualquiera los relacionaría. Aparece Hitler, pero también Einstein, Rubén Darío, el príncipe de Saboya, Goebbels, Wallis Simpson y el duque de Windsor.

Inquietante y sombrío. Como escenario para el devenir de las acciones en la serie, el hotel presenta una mística inquietante. Funciona como un fondo sombrío, es una atmósfera que aporta mucho a la filmación. “El Edén tiene una historia oscura, no es un lugar que presente una energía muy agradable”, asegura el guionista.

Vale recordar que el año pasado se emitió un documental que abordaba la supuesta presencia de fantasmas en el Edén, a raíz de declaraciones de algunos empleados, que aseguraban haber visto siluetas fugaces o escuchar voces y ruidos extraños.

Con diversos aparatos que en teoría funcionan para detectar actividades paranormales, en 2009, un equipo de The Atlantic Paranormal Society fue hasta La Falda a trabajar y filmar sus pesquisas. Según informaron luego, habrían obtenido algunas señales “espeluznantes” emitidas por fantasmas. Sin entrar en discusiones sobre la seriedad de esta clase de oficios, el documental también podría ingresar en la nómina de ficciones sobre el Edén.

Novelas. Entre los primeros que utilizaron al hotel de La Falda como trasfondo para su obra se encuentra el escritor Luis Gusmán, autor de Hotel Edén (Norma, 1999). Pero a diferencia de otras no­velas (como se verá más adelante), ?Gusmán sitúa la trama en las décadas de 1960 y 1970, lejos de sus años de ?esplendor.

Allí el protagonista es Ochoa, un hombre maduro perseguido por dos obsesiones. Por un lado está Mónica, con quien mantuvo una relación pasional y conflictiva durante mucho tiempo, afectada por una locura gradual que la aleja de a poco y dolorosamente del lado de los cuerdos. Una locura de la que Ochoa es responsable, por someterla, tácitamente, a cierta humillación a raíz de su trabajo como peluquera. El de ellos es un amor irracional, enfermizo, pero el protagonista intenta reconstruirlo una y otra vez hasta finalmente caer rendido.

La reconstrucción también es un engranaje clave en su otra obsesión: el Edén. Ochoa está metido hasta los huesos con su historia, con las fábulas que se fueron tejiendo en sus paredes, lo que deriva en el proyecto fallido de escribir una novela sobre el hotel. Primero, como pretexto para contar la historia de su familia (sus padres habían estado alojados allí, con todo el lujo de sus mejores épocas, antes de sufrir una crisis económica), pero luego el argumento toma un desvío inesperado por el ingreso de Mónica en su vida. Ochoa se promete a sí mismo que nunca publicará su novela si ella vuelve algún día a la cordura. “La historia está ahí, al alcance de la mano. Es una tentación. A veces pienso que voy a seguir eternamente indeciso, pero ahora que volví a ver a Mónica tengo la convicción de que algo va a pasar. Me da miedo ventilar el pasado”, confiesa Ochoa en un momento de Hotel Edén .

En la trama urdida por Gusmán, el hotel en sí mismo aparece y desaparece (ahora sí) como un fantasma, para hablar tanto de la situación de un país como de la difícil relación entre dos personas que provienen de mundos socialmente diferentes. “Quizás deba renunciar a escribir esta historia. ¿Acaso se puede contar la propia vida?”, se pregunta el protagonista, ya hacia el final de la novela.

Buscando a Frank Einstein. Con registro y contexto diferentes, el cordobés Fernando López también utilizó al Edén como escenario en uno de sus libros. Fue para La sombra del agua (Deldragón, 2004), en el que pergeñó una historia de aventuras basándose en la hipotética visita de Albert Einstein al hotel. En este caso, la acción transcurre en La Falda de la década de 1920, en un clima de opulencia y excentricidades.

Abundante en humor y con situaciones que por momentos rozan el realismo delirante, la novela de López se sitúa imaginariamente en los días que el físico pasó en La Falda. Pero esencialmente cuenta la historia de Jesús Gaspart, un mago que maravillaba con sus trucos a los huéspedes del Edén, cuyo cuaderno de notas resulta imprescindible para que el narrador pueda rearmar, a su manera, los acontecimientos de esos tiempos lejanos.

Einstein se aloja en el hotel por algunos días a propósito de un congreso entre hombres de ciencia. En la comitiva se encuentran también Federico y Anita, dos alemanes que se identifican con el nazismo, quienes tienen la misión de conseguir alguno de los saberes del genio para las fuerzas armadas de su país. Más concretamente, tienen la sospecha de que posee un hermano llamado Frank (Frank Einstein), quien conoce la fórmula para revivir a los muertos, lo que volvería invencibles a los alemanes en futuras guerras.

Más allá de la lujuria que le despierta Anita, que por instantes le hace desviar el foco de lo importante, el mago Gaspart desconfía de la pareja y se dispone a ayudar a Einstein y estropear el plan bélico. Para ello dispone no sólo de sus habilidades como mago y prestidigitador sino también de la imprevista ayuda de un joven alto y morocho “que peina su cabello partido al medio” y dice ser escritor. Se trata nada menos que de Roberto Arlt.

Tanto en el armado del plan del sabotaje como en su concreción, el Hotel Edén es el telón de fondo. Por allí desfilan todos los personajes de ambos bandos y también el lector, llevado a través de escenas que en algunas ocasiones resultan casi cinematográficas, como una comedia de época.

Amor en tiempos violentos. La más reciente novela que tiene al Edén como escenografía es Secreto bien guardado (El Emporio, 2009), un éxito editorial tanto a nivel local como nacional de Viviana Rivero. “Quería escribir una novela donde los protagonistas, a raíz de un sentimiento, estuvieran dispuestos a cualquier cosa, a romper con los paradigmas o los valores que te enseñan de chico. Y elegí el amor, porque ¿a quién no le gustan las historias de amor?”, explica la autora cordobesa.

Se refiere a la relación que une a los protagonistas: Amalia, una joven judía de la clase alta argentina, y Marthin, un abogado alemán nazi. Se conocen, por supuesto, en el Edén. Rivero sitúa las acciones a comienzos de la década de 1940, poco antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. “El Edén me parecía un gran escenario para una novela. Además, era uno de los pocos lugares en el mundo que podían hacer creíble mi historia. Encima, como cordobesa, lo tenía cerca”, dice.

Desde luego que la narradora no se concentró sólo en la historia de amor, sino que para contextualizar las escenas debió investigar mucho sobre aquellos años. “Me informé tanto con diarios de la época como con libros. Cuando empecé a investigar sobre el Hotel Edén, encontré muchas páginas en inglés, lo cual significa que el tema interesa mucho afuera. Encontré unos libritos, justamente en inglés, que nombran al hotel cuando hablan del búnker de Hitler. Durante la investigación también me topé con unos archivos que eran las escuchas del FBI, que se usaron para los juicios de Nuremberg. Allí también se nombraba al Edén. Es una historia muy interesante”.

En Secreto bien guardado , los protagonistas se hospedan en La Falda ?por razones muy diferentes. Mientras Amalia está de visita en el hotel por unas vacaciones familiares, Marthin pertenece a una comitiva de diplomáticos alemanes que tiene la misión de repatriar a los marinos del Graf Spee, el buque de guerra alemán cuya tripulación fue enviada a diferentes provincias de Argentina.

La escritora era consciente de que se metía en una historia con temas sensibles. “Es algo muy reciente. La gente mayor todavía lo siente cercano y tiene su postura al respecto, aunque no la exprese abiertamente. En La Falda, todo lo alemán tiene su peso”, plantea al respecto. Pero aquello que Rivero no podía saber eran las repercusiones que tendría su libro, algunas de ellas tan significativas que forzaron los pliegues de la ficción para volverse algo real y palpable. Acaso la más curiosa haya sido un correo electrónico que llegó a su bandeja de entrada, de parte de una persona que decía ser el hijo de Amalia y Marthin.

Otras fueron todavía más reveladoras: “También me escribió la hija de uno de los marinos del Graf Spee. Después de conocernos personalmente, nos hicimos amigas y me llevó a conocer a su papá. Vivía cerca de mi casa, tenía 93 años y había trabajado en el Edén, como bañero. Y se llamaba Marthin, igual que mi protagonista”, recuerda hoy, todavía sorprendida.

En el proceso de escritura, la escritora visitó varias veces La Falda para informarse de primera mano sobre algunas cuestiones. “Yo soy una persona bastante práctica –afirma–, pero se siente algo en el Edén; tiene una historia increíble que carga sobre sus espaldas. Otros lugares han sido atrapados por lo moderno y no se advierte esa atmósfera. Cuando estaba en el Edén, sentía que en cualquier momento podía aparecer alguno de mis personajes”.

Otra de las repercusiones de su novela también habla a las claras de esa mística. De que la magia, así como parece funcionar en algunos hoteles, también suele ser patrimonio de la literatura. “En la presentación de mi última novela, se me acercó una señora muy mayor, bonita, de ojos azules, muy bien arreglada. Me confesó que Secreto bien guardado la había hecho llorar mucho. Después me dijo: ‘Le voy a contar algo que hace años que no comento: yo tuve un romance con un diplomático nazi. Esto no lo saben ni mis hijos… ahora olvídese de lo que le dije, esto es un secreto bien guardado’. No me reveló su nombre, nada. Cuando uno escribe, a veces revuelve cosas”.

El legendario Edén Hotel resurge de sus ruinas en La Falda

MINUTOUNO / 29 de enero de 2007

El imponente hotel de la ciudad cordobesa está siendo recuperado y pretende volver ser lo que era a principios del siglo 20: un refugio de la oligarquía vernácula. Incluirá un sector de alojamiento histórico, otro con toda la tecnología de vanguardia y un spa.

 

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El majestuoso y legendario Edén Hotel de sus cenizas. Hoy está en pleno proceso de recuperación a manos de la Municipalidad y un grupo de privados, que ya lograron refaccionar el salón de baile y su confitería tal como lucían en aquel esplendoroso pasado de principios de 1900. Y para el futuro le espera un ambicioso proyecto que le devolverá su reinado en La Falda, el que incluye la refacción total del hotel y un spa.

El objetivo del proyecto es recuperar el hotel por completo y hacer uso comercial del mismo. Puntualmente, la idea es resguardar una parte y acondicionarla lo más fielmente a la época de sus inicios, en 1898, para hacer turismo histórico. Por otra parte, se le reacondicionarán algunas habitaciones a la vanguardia tecnológica de estos días para aquel que prefiera las comodidades de la actualidad pero también el aire del pasado. Y por último, un sector separado del edificio central se convertirá en un spa.

“Dentro de lo que es la arquitectura original del hotel se refaccionarán entre 10 y 14 habitaciones con todos materiales y características de época (baño compartido sin bidet, por ejemplo), respetando lo que fue en sus origenes para venderlo como turismo histórico, explicó uno de los guías del Edén Hotel, Ariel Malsani.

Por otra parte, otras dos habitaciones –las suites presidenciales que se encuentran cada una en  la torre de cada ala- serán armadas de la misma manera pero se utilizarán para mostrar en las visitas guiadas futuras. Y por último se hará en el chalet -que es un anexo del 1900- un spá que contará además con habitaciones con toda la tecnología actual a un nivel de cinco estrellas.

Lo que aún no se sabe son los precios que tendrá  la estadía en un lugar tan emblemático cuando se terminen las obras. Lo que sí se sabe es que en el 1900 las habitaciones solían tener un costo de alrededor de US$ 400 por noche a valores actuales. Pasar una noche en el Edén Hotel en 1900 costaba US$ 400.    

Mientras tanto, se pueden hacer visitas guiadas para recorrer este legendario hotel con sus señoriales salones, sus majestuosas escalinatas, sus amplias galerías y sus parques a un costo de $6, dinero que se utiliza en el proceso de refacción. Además, el salón de baile es alquilado para eventos con el mismo fin.  También existe la posibilidad de visitarlo de noche cuando el guia se centra en la parte esotérica que envuelve y envolvió al Edén desde sus comienzos.

El hotel fue construido en 1897 y con él se dio origen a la ciudad cordobesa de La Falda. La obra estuvo finalizada en 1898 y estaba organizado de tal manera que podía autoabastecerse totalmente y hasta proveer a la ciudad. En efecto, poseía huertas, criadero de animales, fábrica de embutidos y hasta una planta generadora de electricidad.

Su  época de mayor esplendor fue entre al segunda década del siglo XX y la Segunda Guerra Mundial cuando su organización estaba a cargo de alemanes. Tiempo después, “el Edén fue adquirido por capitales nacionales y privados y empezó la decadencia”, cuenta Malsani.  Según informó el entendido en el tema, el Edén funcionó como hotel hasta 1965 y su último dueño fue el hermano del líder radical Ricardo Balbín.
En épocas de gloria este imponente hotel recibió la visita de ilustres personalidades como Albert Einstein, el duque de Saboya y los presidentes argentinos Julio Roca, Figueroa Alcorta, Agustín Justo y Ortiz, las familias más adineradas de la oligarquía nacional y hasta al Che Guevara.

En su momento estás familias iban con hijos y criadas y cada uno tenía su habitación en un lugar ya prevísto en la estructura del hotel. Por un lado, a la izquierda del patio central -lugar de fiestas y celebraciones fastuosas- se ubicaban a los hijos de los matrimonios junto con sus niñeras. Seguido, se encontraban las habitaciones de los hombres solteros. Y en la otra ala del hotel, la derecha, se ubicaban los matrimonios. Toda la familia se dirigía al comedor vestida de etiqueta, de modo contrario no podían tener acceso al mismo.

El hotel estaba repleto de reglas de etiqueta y buenas costumbres que debían de ser cumplidas tanto para los huéspedes como para los empleados. Por ejemplo, las señoras tenían su lugar al aire libre, en el cual tomaban el té bien alejadas de de los caballeros, quienes poseían su parque cervecero en la parte delantera del edificio. Otra de las curiosidades es que la orquesta del Edén debía tocar siempre después de las comidas de modo tal que no se escucharan ruidos de lavado de vajilla.

Muchas son las leyendas, el encanto y los secretos que guardan sus paredes. Una experiencia imperdible y fascinante desde el principio y sobre todo prometedora.