Una gran mujer detrás de esta historia

Memorias de una mujer que contra viento y marea supo dar vida a lo que otros dieron por perdido.

Quien haya visitado el Eden Hotel o leído acerca de su historia, habrá escuchado mencionar su nombre como quien se hizo cargo de uno de los momentos más difíciles del establecimiento y logró hacer funcionar este negocio hotelero, dándolo a conocer por nuestro país y Europa. Con su perseverancia y valor, enfrentó  el duro contexto de ser mujer en esa época, sola al frente de la administración del complejo turístico desde 1905 a 1912 .

De nacionalidad alemana, María Herbert nació el 26 de febrero de 1852 en el pueblo de Züllichau (hoy Polonia). A los 17 años de edad contrajo matrimonio con el Ingeniero Constructor Ernesto Kreautner.  Arribaron a nuestro país  en 1875 en busca de un nuevo horizonte y una mejor calidad de vida. La adaptación a esta nueva tierra no fue para ellos nada fácil. Probaron suerte en varios lugares de nuestro país. Enfrentaron enfermedades, momentos de crisis, dificultades laborales, y hasta emprendimientos en los que la suerte le jugó en contra. Finalmente el destino los trasladó a a la ciudad de Córdoba. Allí, luego de ciertos inconvenientes lograron  en 1889 adquirir una casona en la Plaza San Martín. Aquí reabrieron un comedor. La señora María era amante del arte culinario. Por su buena ubicación y atención, ganaron una gran cantidad de clientes, incluyendo entre ellos contactos importantes y políticos en la ciudad. Así, nació el Hotel San Martín. Por su parte, el matrimonio sin hijo alguno, decidió separarse. En el año 1892, la Sra. María enfermó y regresó a Alemania.  Esta situación la llevó a dejar en comisión la venta del hotel al Señor Juan Kurth (dueño de negocios en Córdoba y de la Estancia La Berna en Huerta Grande ubicada en el Valle de Punilla). Él era conocido suyo y amigo junto a su mujer desde ya hacía años atrás. Unos años después el hotel San Martín es vendido, dejándole una ganancia neta de 40 mil pesos a la señora, que junto a otros capitales pertenecientes al Señor Roberto Bahlcke, Juan Kurth, entre otros accionistas fueron invertidos en la compra de la estancia La Falda y la construcción de un magnífico emprendimiento turístico en la sierras: el Eden Hotel.

En consecuencia, la señora Kreautner vuelve de Alemania como socia capitalista de este gran proyecto. De esta forma, a finales de 1897 arribó al hotel y el 23 de diciembre de ese año fallece su marido en Buenos Aires.

Así, comenzó con entusiasmo e incertidumbre este nuevo emprendimiento en las sierras, mientras que el miedo a la par invadía su ser al verse viuda y sola en este ambicioso proyecto.

No obstante, Maria Herbert de Kreautner decidió retirarse del negocio en el año 1902  sin poder cobrar sus acciones de la sociedad debido a las pérdidas que la empresa arrojaba. No conforme con la administración del lugar y el actuar de algunos de sus socios, decidió volver a Alemania a quedarse allí junto a su familia.

Sin embargo, luego de dos años repentinamente llegó un telegrama de América convocándola a que se presente ante la sociedad y que le serían concedidas todas las condiciones exigidas por ella, a cambio de hacerse cargo de la administración del Eden Hotel.

Al arribar a Argentina nuevamente, el hotel se encontraba cerrado al público. La sociedad, luego de arrojar una gran pérdida había presentado la liquidación y decidió vender todo el complejo. Bien aconsejada, le recomendaron viajar a Buenos Aires y hablar directamente con Ernesto Tornquist, el principal acreedor. Teniendo buenas referencias acerca de la señora por comentarios de algunos pasajeros del hotel, le ofreció comprar el negocio. Tornquist la convenció que se hiciese cargo del hotel con todo el terreno inclusive por el valor de la primera y segunda hipoteca que descansaban sobre el mismo, otorgándole una muy buena oferta para sacar el negocio a flote adelante. Así fue que al tercer año con las ganancias obtenidas pudo cumplir en tiempo y forma con la segunda hipoteca y en el séptimo año levantó la primera deuda, quedando el hotel libre de compromisos y como propiedad suya.

Como se cuenta aquí, da la sensación que fue simple. Pero según lo relatado en sus Memorias dictadas a su Sobrina en la década de 1920, la realidad fue bastante dura y no fue para nada fácil.

Mantener en actividad una empresa de esta envergadura, las deudas a pagar y los problemas cotidianos hicieron en ella pasar noches sin dormir, envuelta en nervios, miedos y preocupaciones. No únicamente era una carga muy pesada para ella sola el estar al frente del hotel, sino también la conducción y supervisión de toda economía exterior ligada a éste.

En su relato, cuenta que al lado de ella no quería gente extraña. Gertrudis, su sobrina, la acompaño en esta aventura. A ella, Doña María le delegó la responsabilidad de la teneduría de libros y correspondencia, mientras que María Herbert se quedó con el control de la cocina y la economía exterior. “Temprano por la mañana, dejaba que me ensillaran mi caballo. Era una apasionada por la equitación y una buena jinete, siempre me ponderaban la figura ecuestre. Recorría el lugar observando los peones, los jardines, caminos y las siembras. Ordenando lo que hiciera falta”, recuerda en el escrito.

También, agrega que con coterráneos suyos e inmigrantes tuvo malas experiencias en el ámbito laboral. Al comienzo quiso ayudarlos, pero muchos no pudieron adaptarse a las costumbres del país, y de entrada tenían grandes pretensiones. Había situaciones en que las huelgas repentinas, en momentos importantes para el negocio estando el hotel con muchos pasajeros se transformaban en momentos arduos de atravesar. Los empleados tenían intensiones de paralizar toda actividad. Cualquier gesto o palabra podían producir un desenlace dramático.

Por tal motivo capacité a nativos de las sierras, gente honrada y leal como también hábil y con destreza”, explica y continúa narrando: “Al ver en su patrona un buen ejemplo, dispuesta desde la mañana temprano hasta entrada la noche, sin regalarse un momento de descanso, ellos no podían ser menos”. De esta manera, ella asegura en el relato de sus memorias haber mantenido siempre en los últimos años el mismo personal oriundo de las sierras que aprendieron a valorar su trabajo.

Por otro lado, La marcha de la empresa funcionaba de en mano en mano. A través de las recomendaciones, el número de pasajeros se fue multiplicando de año en año. El hotel comenzó a contar con una clientela fija y fiel de la mejor sociedad. En invierno venían pasajeros necesitados de reposo, que luego regresaban fuertes y saludables a sus ciudades. Además, cabe resaltar que comenzó a notar que el terreno de la propiedad ofrecía la oportunidad a futuro de otra fuente de ingresos. Muchos turistas comenzaban a mostrar cierto interés en adquirir parcelas de tierra para levantar sus residencias veraniegas, negocio que ella comenzó y posteriormente los próximos dueños desarrollarán con un gran ímpetu.

Junto a esta mujer, el hotel empezó a trabajar durante todo el año. Según lo estipulado en documentos históricos, en los meses de diciembre, enero, febrero, marzo y semana santa el número de pasajeros oscilaba entre 120 y 180 por mes en los años de su administración. En los demás meses contó con un promedio de 40 a 70 huéspedes. De igual forma, dejan por sentado que las ganancias eran abundantes en los últimos años de su administración, y que el año comercial correspondiente a Abril 1910 – Abril 1911 el alcance líquido de ganancias habría ascendido a 65 mil pesos.

Sin embargo, confiesa: “Desde luego que este tren de vida era para mí muy agotador. Nunca poder pensar en uno mismo y siempre satisfacer los deseos de otros provoca un gran cansancio. Mi única hora de descanso era cuando los pasajeros salían de cabalgatas, paseos y picnics. Entonces, en ese momento subía sola la montaña que estaba detrás de la casa. Allí a medio camino había un bello lugarcito que yo bauticé “Mi Iglesia”. Era bellamente solitario y yo disfrutaba ese silencio como una exquisitez”. Desde este lugar, ella contemplaba todo el paisaje y gran parte del Valle. Asegura que estas silenciosas horas en la naturaleza reemplazaban en ella muchas cosas que le faltaban como la compañía de sus queridos parientes, amigos y su tierra natal entre otras.

Por supuesto que hacía mucho tiempo que en mi rondaba el deseo de apartarme de tanta actividad y llamarme a un merecido descanso para siempre. La meta estaba dirigida a ahorrarme más trabajo y en el crepúsculo de mi vida poder disfrutar de un buen pasar. Al terminar de pagar las dos hipotecas, sentí que mis planes  estaban cerca de realizarse, no tenía más deudas y me quedaba un saldo en el banco”, añade. Junto a su sobrina Gertrudis deseaban viajar y conocer mucho de este mundo, visitar teatros, conciertos y  regresar a su patria junto a sus seres queridos.

Fue así, que el 15 de mayo de 1912 María Herbert de Kreautner enajenó la propiedad a los hermanos Eichhorn  y regresó a Alemania donde le tocó vivir la Primera Guerra Mundial.

Las señoras Ida y Gretel, esposas de los nuevos dueños, reemplazaron en sus tareas a María Herbert de Kreautner en  el hotel.

Para concluir, luego de finalizada la Primera Guerra Mundial, la Señora de Kreautner en 1920 regresa de Alemania para supervisar la deuda que mantenían los hermanos Eichhorn con ella, residiendo en Buenos Aires. Para el año 1927, los Eichhorn saldaron el total de su deuda. Ella por su lado decidió volver de inmediato a su querida Alemania, donde vivió espléndidamente, hasta que el destino quiso que viviera los horrores de la Segunda Guerra y perdiera todos sus bienes. Falleció en un hogar de ancianos en 1950 a la edad de 97 años.

Cuando los difuntos eran los modelos perfectos

Hoy, esta costumbre que honraba a la muerte consolando a los vivos a través de imágenes escalofriantes y espectrales se aleja mucho de nuestra tradición y realidad en que vivimos. El fotografiar a los muertos era una de tantas costumbres de antaño, que estaba en vigencia en los comienzos de este establecimiento hotelero.

De esta manera, los recién finados eran retratados en el siglo XIX con sus vestidos de gala, junto a sus seres u objetos queridos. Muchos autores coinciden que la fotografía mortuoria era más común que la de bodas o vacaciones.

El promedio de vida durante el siglo XIX era de unos 40 años aproximadamente. En muchos casos, la muerte de los adultos provenía de varias enfermedades entre ella la tuberculosis, mientras que en los niños las principales causas eran el sarampión, la viruela y hasta el hambre. Cabe agregar que el 15% de ellos moría al nacer. En consecuencia a esto, la elevada tasa de mortalidad infantil de la época hizo que los retratos post mortem de niños fuesen los más comunes. Hasta en algunos de ellos, también se puede observar la siniestra costumbre de esconder a las madres tras los bebés en el momento de captar la imagen. El cadáver, protagonista principal de la escena fotográfica, parecía estar sólo dormido, aunque en otros casos despierto.  Era una forma de consolar a los vivos y honrar a los muertos.

Si bien esta práctica es antiquísima, la aparición del daguerrotipo, el primer procedimiento fotográfico difundido oficialmente allá por 1839 en Europa, permitió fotografiar a las personas fallecidas de forma accesible. Además, redujo las horas de exposición necesarias para hacer un retrato. A esta costumbre se la llamó “Memento Mori“, que en su traducción significa: “Recuerda que morirás”. En fin, un recuerdo gráfico de lo efímeros que somos, una manera de recordar que todos moriremos.

El fotógrafo

Al dejar de existir la persona, se procedía inmediatamente a la búsqueda del fotógrafo. Se pactaba un precio junto al profesional que en la mayoría de los casos era el doble de un retrato normal. Al llegar a la casa del difunto, el fotógrafo planificaba la escena, el lugar, la luz y el tipo de toma, entre otras cosas.  La familia preparaba al difunto y lo vestía con sus mejores galas. El artista solía colocar a los parientes alrededor del féretro. En otras ocasiones, hacía sacar el cadáver del cajón, para colocarlo en un sillón.

En aquellos tiempos, se daban situaciones en que la distancia o el clima hacía que el fotógrafo tardase días en llegar al velatorio. Ante estos casos y si era posible, el cuerpo permanecía rodeado de hielo. Aunque el cadáver era maquillado, a veces eso no era suficiente y la familia pedía unos retoques tras el revelado. Ante este pedido, el fotógrafo o los miniaturistas (pintores a los que el nuevo invento había dejado sin trabajo), se encargaban artísticamente de iluminar la imagen. Dibujaban ojos abiertos sobre los párpados, sonrisas en las mejillas, hasta incluso inventaban un fondo, como nubes celestiales entre otros motivos.

El fotógrafo realizaba varias copias para que la familia las repartiese. Era habitual leer en ellas leyendas  a forma de recordatorios como: “Hasta que la muerte nos separe” o “Duerme, querida niña“. Las familias más pudientes encargaban marcos con flores secas que decoraban el salón principal de la residencia donde se celebraba el velatorio. En casas de estilo victoriano, esta sala conocida como parlour, pasaría después a llamarse living room (la habitación de los vivos), con el fin de evitar toda asociación con la muerte. En los álbumes de difuntos se hallaban parientes, mascotas y también algún famoso cuyo retrato post mortem fue vendido en alguna tienda de la época. En periódicos de fines de siglo XIX existen numerosos anuncios como “se retratan difuntos a domicilio“.

¿Qué paso con esta costumbre?

Para finalizar, los Memento Mori se remontan a la antigüedad. La tradición no nació con la fotografía, pero sí murió con ella. Pero…  ¿Por qué dejaron de hacerse este tipo de fotos? En primer lugar, descendió la mortalidad y sobre todo la infantil. Por segundo, la fotografía se abarató y la gente dejó de esperar al funeral para pagarla. Con el correr de los años las cámaras fotográficas se volvieron más accesibles en sus precios hasta que las familias empezaron a tener recuerdos de sus momentos felices. Y por último,  los avances de la medicina extendieron las enfermedades y, hoy por hoy morimos demacrados, siendo una sombra de lo fuimos, un rostro que nadie quiere recordar.

Pero la historia nos demuestra que ser fotógrafo en aquella época era un excelente negocio.  Los muertos por su lado eran los modelos perfectos. Los fotógrafos, por su parte, sólo le abrían los ojos.

Cuando las heladas y altas temperaturas no eran comunes

La altura y el clima fueron claves en la elección del estratégico lugar donde el alemán Roberto Bahlcke decidió levantar el edificio hotelero a fines de siglo XIX. Sin embargo, en la actualidad el clima es diferente a lo que fue y significó para toda esta zona en aquella época.

Desde comienzos del siglo XIX, se conocía que la región serrana de Córdoba contaba con el seco y perfumado aire “de las alturas”, difundido según algunos estudiosos como uno de los mejores climas con fines terapéuticos del mundo, al igual que en regiones de Suiza e Italia.

Diferentes escritos, descripciones y folletos publicitarios de la época definían al Eden Hotel cómo el edificio más elevado de las sierras cordobesas para el año 1898. Cabe resaltar que para aquel momento, estaba vigente la creencia de que al estar ubicado a una altura mayor de mil metros sobre el nivel del mar, no podría subsistir microbio alguno.  Para aquellos años, se consideraba esta altura como garantía de evitar cualquier contagio, brindando de esta forma tranquilidad a los pasajeros. Por su parte, el aire hacía sentir bien al visitante y producía mejoras en enfermos de garganta, vías respiratorias, asma, bronquitis; como así también en los neurasténicos, a los que sufren de debilitamiento o decadencia nerviosa y otros males que no constituían peligro de contagio.

En fin, el clima de lo que hoy es La Falda era considerado en extremo agradable. Por lo general, en él se respiraba aire templado y seco transcurriendo el día sin variaciones sensibles de temperatura y semanas enteras sin registro de cambios bruscos (comunes y perjudiciales en otras zonas). Un folleto publicitario de aquellos años apoyaba esta afirmación en un cuadro comparativo de temperatura media anual, detallada mes por mes.

En cuanto al verano,  la temperatura se elevaba un tanto y durante las noches bajaba hasta hacerse grata. Como se puede observar, los verdaderos rigores del calor en esta estación no se hacían presente.

Por el lado opuesto, podemos decir sobre el invierno siguiendo la escala de temperatura media que los fríos intensos, salvo rarísimas excepciones, no se producían. Debido al reparo geográfico existente, era muy rara la existencia de heladas, como así también los días nublados, de neblina o sencillamente húmedos. La atmósfera tanto en el invierno como en el verano, era invariablemente seca. Esto hacía del lugar un punto de placentera estadía en toda época del año, de acuerdo al nombre con que se designó al hotel: un Edén.

Sin embargo, como lo demuestran muchas fotografías de la época el Edén y sus alrededores no eran exentos a grandes nevadas.

Luego, factores como el avance del desmonte serrano  y los grandes espejos de agua como lagos y diques que se construyeron en la región entre otros causantes, modificaron las características de este microclima para siempre.

Fuente: Archivo Eden S.A.

¿Cuánto costaba hospedarse en el “Edén” a fines de siglo XIX?

El dato se encuentra en un reglamento de hospedaje correspondiente a los comienzos del legendario edificio.

Para el año 1900 el hotel ya se encontraba en marcha. El libro de pasajeros iba acrecentando de a poco el número de firmas de miembros de familias importantes del país. Pero… ¿Cuánto costaba hospedarse en el Eden Hotel en sus primeros tiempos? ¿Cuánto salía disfrutar de las comodidades y servicios de primera calidad que brindaba el establecimiento serrano?

Con una capacidad para 200 huéspedes, el precio diario por persona era desde Abril a Noviembre de 6 pesos, y de Diciembre a Marzo de 8 pesos. Estas tarifas estaban sujetas a modificaciones según la ubicación y clase de las habitaciones. También, las familias contaban con precios convencionales, relativos  al número de personas y tiempo que duraba su estadía. Cabe resaltar que los niños y sirvientes pagaban media tarifa. A los huéspedes que accidentalmente faltaban del hotel, no se les computaban los días de ausencia a los efectos del pago.

También se deja detallado en el reglamento que los pasajeros eran responsables de los daños, roturas y otros perjuicios que pudieran ocasionar al establecimiento y la casa no se responsabilizaba de los extravíos o pérdidas de objetos valiosos, joyas, prendas, dinero, y otras cosas que no hayan sido depositados anteriormente bajo recibo en el escritorio.

Asimismo, no era admitido el ingreso de ninguna clase de animales, y en consecuencia, los pasajeros que los llevaban, debían entregarlos al Establecimiento para su cuidado, bajo las condiciones establecidas por el Gerente a cargo.

Es importante señalar que todo pedido fuera de las listas en el comedor era considerado como extra, y los pasajeros que querían ser servidos en sus propias habitaciones, tenían un suplemento de un peso por persona. Las cuentas se pagaban semanalmente.


Fuente:
Archivo Eden SA

Una de las aguas más puras de todo el país.

Según la opinión de especialistas en la materia de aquella época, el agua que abastecía al hotel era una de las más puras de toda la República Argentina.

Desde su comienzo el Eden Hotel durante varios años constituyó ser el punto ideal de residencia para toda época del año. El gran negocio que se encontraba detrás de las espectaculares y confortables características del servicio brindado al pasajero era el de asegurar la salud a las familias más poderosas de la sociedad argentina. De esta manera, los miedos de contraer tuberculosis y otro tipo de enfermedades que acechaban en aquel contexto, hacían de éste un sitio delicioso de expansión para el espíritu, donde el pasajero se sentía seguro dentro de una especie de “condado”, cubierto de toda contaminación interna y externa en una propiedad de casi mil hectáreas, donde podía estar libre de contacto con enfermos, por no admitirse allí a los que padecían de males contagiosos.

El agua que se consumía en el Hotel era agua embalsada del cauce formado por manantiales que hasta el día de hoy surgen dentro de las quebradas de las sierras, y llevada directamente por caños cubiertos hasta el establecimiento. En este caso, no se trataba de cauces que atravesaran caminos, vecindades, llanos, de bebederos para animales, de lavadero, de baño, y por lo tanto expuesta a todas las contaminaciones, para luego ser conducidas por acequias descubiertas a los distintos puntos de consumo. Sino todo lo contrario. Se trataba de un agua de excelente calidad que desde los manantiales pasaba a los caños que la conducían hasta el hotel.

También, la prolija instalación en su distribución dentro de la casa, para sus distintos usos era otra garantía de incontaminación. Cabe destacar que el hotel contó de los comienzos con agua corriente en todas las habitaciones y ocho baños W.C. en los primeros años.

Cabe destacar las opiniones de dos autorizados especialistas en la materia contemporáneos a aquel contexto acerca de las características de este valioso recurso. Por un lado, el reputado químico Dr. Francisco P. Lavalle que establece en su informe que “El agua que se consume en el hotel, tanto para la alimentación como para los demás usos, es químicamente purísima, según lo he podido constatar por los análisis practicados”.

Por otra parte, el afamado bacteriólogo Doctor Enrique von Stoecklin resumía en sus investigaciones científicas: “El agua que alimenta el Eden Hotel y sus dependencias es bacteriológicamente muy pura y seguramente una de las más puras que he tenido oportunidad de examinar en la República Argentina”. Además, sostenía que por su origen, la naturaleza del terreno, la ubicación, el trayecto recorrido y la inmejorable construcción de las obras de acaparamiento y distribución, dicha agua se encuentra  en absoluto protegida contra cualquier eventualidad de infección externa con microbios nocivos.

Ante estas expuestas opiniones científicas de expertos de aquel momento, el edificio dejaba por sentado que contaba con la garantía de salubridad del agua, algo que de forma conjunta con tras cualidades que poseía, lo hacían prácticamente único.

Fuente:
Archivo Eden S.A.

“… Cariñosas Felicitaciones. Adolf Hitler”

Al cumplirse el 15 de mayo de 1937 el 25° Aniversario de los hermanos Eichhorn al frente del establecimiento junto a la Boda de Plata de Walter e Ida Eichhorn, se efectúo una inolvidable e histórica celebración en el hotel.

El acontecimiento fue celebrado gratamente y contó con una calurosa adhesión por parte de Vecinos de La Falda, Representantes de diferentes instituciones como Comercio de Córdoba, Asociación Fomento Turismo Sierras de Córdoba, Unión Industria Hotelera, Consulado Alemán, Autoridades Locales, Escuela Provincial de La Falda, Personal de la Empresa y los amigos personales de los agasajados.

De esta forma, un interesante programa de festejos inició por la mañana y se prolongó hasta las primeras horas del día siguiente, lleno de pruebas de estimación y aprecio que supieron ganar los Sres. Eichhorn, en un cuarto de siglo de vida social y comercial de esta localidad.

En horas de la mañana llegaron en delegación numerosas personas de Córdoba, a las que se les ofreció un almuerzo, rodeando más de 50 comensales la mesa tendida en su honor.


Por la tarde, concurrieron los alumnos de la Escuela Provincial y vecindario de La Falda que se congregaron en el Salón de Fiestas del Hotel y dependencias adyacentes.


Tiempos de oro
Cabe resaltar que antes del inicio de los actos de homenaje programados, Walter Eichhorn, en carácter de Presidente de Eden S.A. junto a su señora obsequiaron relojes de oro a los empleados Cabrera, Capdevila, Benavidez y Rivero por su labor realizada esos 25 años de antigüedad en el establecimiento. Este simpático acto constituyó un gesto magnífico aclamado por la concurrencia brindando un momento emotivo apreciado por los presentes.


Un día de pergaminos y lleno de obsequios
Luego de escuchar el saludo presentado por unas de las alumnas de la Escuela, el Sr. Gaston Fontaine Silva (Presidente de la Asociación Fomento de Turismo) en nombre de la institución y de amigos de Córdoba, hizo entrega de un artístico pergamino, pronunciando un hermoso discurso poniendo en manifiesto la simpatía con la que se aprecia la fecunda labor comercial de los obsequiados.

Continuamente, en representación al Vecindario de La Falda, se hizo entrega de otro pergamino junto  un magnífico e histórico discurso, acerca de la obra fecunda de los hermanos Eichhorn, a cuya tenacidad y constancia, se debía el hermoso progreso de La Falda. Ambos discursos fueron largamente aplaudidos.

La concurrencia fue agasajada con champagne y un magnífico bufé, del que participaron más de 200 concurrentes y todo el personal del establecimiento.

Un regalo bastante especial
Llegada la noche, se sirvió un banquete, aun selecto grupos de invitados participando de él 60 comensales compartieron la cena de Honor. Telegramas, flores y regalos inundaron la sala. Pero uno de los regalos ocupó el lugar de honor. Vino de Alemania y el propio Embajador de Alemania Von Therman lo trajo personalmente. En algunas correspondencias cuenta Walter divertido que el Embajador, nervioso y asustado, casi no llega a tiempo para entregar el presente. Un retrato de Hitler con marco de plata y dedicatoria:

Señor y Señora Eichhorn, a mis queridos camaradas de lucha en los tiempos difíciles para sus Bodas de Plata, cariñosas felicitaciones. Adolf Hitler”.

 

 

El acontecimiento de este evento tuvo eco en muchos diarios locales, de la Capital Federal y otros del Interior, comentando con toda simpatía los actos realizados y los homenajes efectuados en honor de los agasajados.

Fuentes:
Acta N° 84 Eden SA
Documental “Eden Hotel” – Deutschland – 3SAT – 1995

Charly García en el Edén

por Néstor Pousa

Hay algo que tal vez sorprenda al ocasional visitante que recorre la muestra titulada “Los
Ángeles de Charly”, y es una serie de imágenes del músico posando en distintos salones del
Edén Hotel de La Falda. La más imponente es una gigantografía transparente que lo muestra
semi inclinado en el hall de entrada del centenario edificio. Hay otra, titulada Desarma y
sangra, en la que se lo ve tocando un piano de cola desvencijado (según expresa el rótulo).


“Charly Garcia Eden Hotel de La Falda”
Foto: Hilda Lizarazu


“Desarma y sangra”. Charly con piano de cola desvencijado en el Eden Hotel.
Foto: Hilda
Lizarazu

En una tercera está solo contra un muro (Rasguña las piedras) y la cuarta asomado a una
ventana, acompañado por Fito Páez y Fabiana Cantilo. Según la visión y memoria emotiva de
Hilda Lizarazu, esta última foto refleja: “La hermosa unidad fraterna y musical de los tres,
recorriendo diferentes salones abandonados de este hotel que era algo así como
fantasmagórico en ese momento. Y yo como una ardilla los perseguía y les sacaba fotos”.


“Rasguña las piedras”. Eden Hotel de La Falda.
Foto: Hilda Lizarazu


“Ella es tan Kubrick”. Fabi, Fito y Charly en La Falda.
Foto: Hilda Lizarazu

Si bien las cuatro tomas están fechadas en 1985 parece inexacto el dato. Charly no anduvo
por La Falda en ese año, en cambio sí lo hizo en las temporadas 80, 82, 83, 86 y 87 (el año
correcto de la sesión de fotos) dejando un saldo de conciertos memorables, algún que otro
escándalo y una infinidad de anécdotas desopilantes.

Los créditos de esta serie, que bien podríamos denominar como Charly en el Edén, pertenecen
a Hilda quien por esos años solía asistir como foto-reportera al legendario Festival de Rock
que se realizó durante la década del 80, que fue un hito indiscutido de la música nacional y
que dejó legados de la trascendencia de este que hoy nos ocupa.

Se cumplen 73 años de la Internación Japonesa en el Eden Hotel

En marzo de 1945 la Argentina, declaró la guerra a Japón y a Alemania. El día 20 de abril el embajador Tomii y su familia son trasladados junto a su séquito en el tren presidencial a La Falda. A diferencia de otros países sudamericanos debido a la presión norteamericana de “canjear empleados japoneses que estaban trabajando en dichos países por prisioneros norteamericanos”, nuestro gobierno prefirió “internarlos” en el Eden Hotel.

japoneses
El gobierno argentino tuvo la deferencia (Muestra de respeto y cortesía) de continuar el pago del el sueldo que ganaba en la Embajada. También le facilitó, cosa no muy común en esa época, un radio cajón para que el matrimonio pudiese escuchar las noticias de la guerra.

A diferencia de otros países sudamericanos debido a la presión norteamericana de “canjear empleados japoneses que estaban trabajando en dichos países por prisioneros norteamericanos”, nuestro gobierno prefirió internarlos, especialmente en la provincia de Córdoba a estos empleados japoneses en lugar de canjearlos. Mas allá de no poder salir del hotel y de estar incomunicados, fueron muy respetados por las autoridades y empleados de dicho albergue. Permanecieron once meses en el establecimiento.

A 93 años de la visita de Einstein al Eden Hotel

Cuenta la Voz del Interior del día 13 de Abril de 1925: “En el tren especial que el Ministerio de Instrucción Pública de la Nación puso a la disposición del huéséd, llegó ayer por la mañana a esta ciudad el sabio profesor Albert Einstein a quien acompañaba una destacada delegación de universiatios porteños“.

Luego continúa: “Después de las presentaciónes de estilo, el profesor Einstein y sus acompañantes se dirigieron al Plaza Hotel, en donde se les tenía reservado el alojamiento. En varios autos oficialmente preparados al efecto, partió a las sierras. La comitiva recorrió el hermoso trayecto hasta La Falda, en cuyo hotel fue servido el almuerzo”.

Finalmente, el centenario matutino cordobés añade: “Cerca de las 15:30 hs, la comitiva se dirifió desde La Falda con destino al dique San Roque, cuyas obras admiraron los viajeros durante un buen rato. A las 17 horas, la delegación regresó a esta ciudad. El paseo de excursión por las sierras ha causado la más plácida impresión a los viajeros. Hoy la Universidad recepcionará al profesor Einsein y con tal motivo se llevará a cabo un acto en el salón de grados a las 10 horas y media“.

Y así fue el paso por este lugar del famoso científico y filósofo alemán, premio Nobel de Física en 1921. Como lo demuestran los escritos, el almuerzo en el Eden Hotel se extendió por dos horas, seguido de un paseo por las sierras que encantaron al “profesor”, como lo llamaban todos. Fue allí donde manifestó, en francés (idioma que empleó para sus conferencias en nuestra tierra), que, por su impecable estado natural, el paisaje serrano de Córdoba le pareció más atractivo que el suizo. Son palabras del gran Einstein.

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