Cuando los difuntos eran los modelos perfectos

Hoy, esta costumbre que honraba a la muerte consolando a los vivos a través de imágenes escalofriantes y espectrales se aleja mucho de nuestra tradición y realidad en que vivimos. El fotografiar a los muertos era una de tantas costumbres de antaño, que estaba en vigencia en los comienzos de este establecimiento hotelero.

De esta manera, los recién finados eran retratados en el siglo XIX con sus vestidos de gala, junto a sus seres u objetos queridos. Muchos autores coinciden que la fotografía mortuoria era más común que la de bodas o vacaciones.

El promedio de vida durante el siglo XIX era de unos 40 años aproximadamente. En muchos casos, la muerte de los adultos provenía de varias enfermedades entre ella la tuberculosis, mientras que en los niños las principales causas eran el sarampión, la viruela y hasta el hambre. Cabe agregar que el 15% de ellos moría al nacer. En consecuencia a esto, la elevada tasa de mortalidad infantil de la época hizo que los retratos post mortem de niños fuesen los más comunes. Hasta en algunos de ellos, también se puede observar la siniestra costumbre de esconder a las madres tras los bebés en el momento de captar la imagen. El cadáver, protagonista principal de la escena fotográfica, parecía estar sólo dormido, aunque en otros casos despierto.  Era una forma de consolar a los vivos y honrar a los muertos.

Si bien esta práctica es antiquísima, la aparición del daguerrotipo, el primer procedimiento fotográfico difundido oficialmente allá por 1839 en Europa, permitió fotografiar a las personas fallecidas de forma accesible. Además, redujo las horas de exposición necesarias para hacer un retrato. A esta costumbre se la llamó “Memento Mori“, que en su traducción significa: “Recuerda que morirás”. En fin, un recuerdo gráfico de lo efímeros que somos, una manera de recordar que todos moriremos.

El fotógrafo

Al dejar de existir la persona, se procedía inmediatamente a la búsqueda del fotógrafo. Se pactaba un precio junto al profesional que en la mayoría de los casos era el doble de un retrato normal. Al llegar a la casa del difunto, el fotógrafo planificaba la escena, el lugar, la luz y el tipo de toma, entre otras cosas.  La familia preparaba al difunto y lo vestía con sus mejores galas. El artista solía colocar a los parientes alrededor del féretro. En otras ocasiones, hacía sacar el cadáver del cajón, para colocarlo en un sillón.

En aquellos tiempos, se daban situaciones en que la distancia o el clima hacía que el fotógrafo tardase días en llegar al velatorio. Ante estos casos y si era posible, el cuerpo permanecía rodeado de hielo. Aunque el cadáver era maquillado, a veces eso no era suficiente y la familia pedía unos retoques tras el revelado. Ante este pedido, el fotógrafo o los miniaturistas (pintores a los que el nuevo invento había dejado sin trabajo), se encargaban artísticamente de iluminar la imagen. Dibujaban ojos abiertos sobre los párpados, sonrisas en las mejillas, hasta incluso inventaban un fondo, como nubes celestiales entre otros motivos.

El fotógrafo realizaba varias copias para que la familia las repartiese. Era habitual leer en ellas leyendas  a forma de recordatorios como: “Hasta que la muerte nos separe” o “Duerme, querida niña“. Las familias más pudientes encargaban marcos con flores secas que decoraban el salón principal de la residencia donde se celebraba el velatorio. En casas de estilo victoriano, esta sala conocida como parlour, pasaría después a llamarse living room (la habitación de los vivos), con el fin de evitar toda asociación con la muerte. En los álbumes de difuntos se hallaban parientes, mascotas y también algún famoso cuyo retrato post mortem fue vendido en alguna tienda de la época. En periódicos de fines de siglo XIX existen numerosos anuncios como “se retratan difuntos a domicilio“.

¿Qué paso con esta costumbre?

Para finalizar, los Memento Mori se remontan a la antigüedad. La tradición no nació con la fotografía, pero sí murió con ella. Pero…  ¿Por qué dejaron de hacerse este tipo de fotos? En primer lugar, descendió la mortalidad y sobre todo la infantil. Por segundo, la fotografía se abarató y la gente dejó de esperar al funeral para pagarla. Con el correr de los años las cámaras fotográficas se volvieron más accesibles en sus precios hasta que las familias empezaron a tener recuerdos de sus momentos felices. Y por último,  los avances de la medicina extendieron las enfermedades y, hoy por hoy morimos demacrados, siendo una sombra de lo fuimos, un rostro que nadie quiere recordar.

Pero la historia nos demuestra que ser fotógrafo en aquella época era un excelente negocio.  Los muertos por su lado eran los modelos perfectos. Los fotógrafos, por su parte, sólo le abrían los ojos.

Cuando las heladas y altas temperaturas no eran comunes

La altura y el clima fueron claves en la elección del estratégico lugar donde el alemán Roberto Bahlcke decidió levantar el edificio hotelero a fines de siglo XIX. Sin embargo, en la actualidad el clima es diferente a lo que fue y significó para toda esta zona en aquella época.

Desde comienzos del siglo XIX, se conocía que la región serrana de Córdoba contaba con el seco y perfumado aire “de las alturas”, difundido según algunos estudiosos como uno de los mejores climas con fines terapéuticos del mundo, al igual que en regiones de Suiza e Italia.

Diferentes escritos, descripciones y folletos publicitarios de la época definían al Eden Hotel cómo el edificio más elevado de las sierras cordobesas para el año 1898. Cabe resaltar que para aquel momento, estaba vigente la creencia de que al estar ubicado a una altura mayor de mil metros sobre el nivel del mar, no podría subsistir microbio alguno.  Para aquellos años, se consideraba esta altura como garantía de evitar cualquier contagio, brindando de esta forma tranquilidad a los pasajeros. Por su parte, el aire hacía sentir bien al visitante y producía mejoras en enfermos de garganta, vías respiratorias, asma, bronquitis; como así también en los neurasténicos, a los que sufren de debilitamiento o decadencia nerviosa y otros males que no constituían peligro de contagio.

En fin, el clima de lo que hoy es La Falda era considerado en extremo agradable. Por lo general, en él se respiraba aire templado y seco transcurriendo el día sin variaciones sensibles de temperatura y semanas enteras sin registro de cambios bruscos (comunes y perjudiciales en otras zonas). Un folleto publicitario de aquellos años apoyaba esta afirmación en un cuadro comparativo de temperatura media anual, detallada mes por mes.

En cuanto al verano,  la temperatura se elevaba un tanto y durante las noches bajaba hasta hacerse grata. Como se puede observar, los verdaderos rigores del calor en esta estación no se hacían presente.

Por el lado opuesto, podemos decir sobre el invierno siguiendo la escala de temperatura media que los fríos intensos, salvo rarísimas excepciones, no se producían. Debido al reparo geográfico existente, era muy rara la existencia de heladas, como así también los días nublados, de neblina o sencillamente húmedos. La atmósfera tanto en el invierno como en el verano, era invariablemente seca. Esto hacía del lugar un punto de placentera estadía en toda época del año, de acuerdo al nombre con que se designó al hotel: un Edén.

Sin embargo, como lo demuestran muchas fotografías de la época el Edén y sus alrededores no eran exentos a grandes nevadas.

Luego, factores como el avance del desmonte serrano  y los grandes espejos de agua como lagos y diques que se construyeron en la región entre otros causantes, modificaron las características de este microclima para siempre.

Fuente: Archivo Eden S.A.

¿Cuánto costaba hospedarse en el “Edén” a fines de siglo XIX?

El dato se encuentra en un reglamento de hospedaje correspondiente a los comienzos del legendario edificio.

Para el año 1900 el hotel ya se encontraba en marcha. El libro de pasajeros iba acrecentando de a poco el número de firmas de miembros de familias importantes del país. Pero… ¿Cuánto costaba hospedarse en el Eden Hotel en sus primeros tiempos? ¿Cuánto salía disfrutar de las comodidades y servicios de primera calidad que brindaba el establecimiento serrano?

Con una capacidad para 200 huéspedes, el precio diario por persona era desde Abril a Noviembre de 6 pesos, y de Diciembre a Marzo de 8 pesos. Estas tarifas estaban sujetas a modificaciones según la ubicación y clase de las habitaciones. También, las familias contaban con precios convencionales, relativos  al número de personas y tiempo que duraba su estadía. Cabe resaltar que los niños y sirvientes pagaban media tarifa. A los huéspedes que accidentalmente faltaban del hotel, no se les computaban los días de ausencia a los efectos del pago.

También se deja detallado en el reglamento que los pasajeros eran responsables de los daños, roturas y otros perjuicios que pudieran ocasionar al establecimiento y la casa no se responsabilizaba de los extravíos o pérdidas de objetos valiosos, joyas, prendas, dinero, y otras cosas que no hayan sido depositados anteriormente bajo recibo en el escritorio.

Asimismo, no era admitido el ingreso de ninguna clase de animales, y en consecuencia, los pasajeros que los llevaban, debían entregarlos al Establecimiento para su cuidado, bajo las condiciones establecidas por el Gerente a cargo.

Es importante señalar que todo pedido fuera de las listas en el comedor era considerado como extra, y los pasajeros que querían ser servidos en sus propias habitaciones, tenían un suplemento de un peso por persona. Las cuentas se pagaban semanalmente.


Fuente:
Archivo Eden SA

Una de las aguas más puras de todo el país.

Según la opinión de especialistas en la materia de aquella época, el agua que abastecía al hotel era una de las más puras de toda la República Argentina.

Desde su comienzo el Eden Hotel durante varios años constituyó ser el punto ideal de residencia para toda época del año. El gran negocio que se encontraba detrás de las espectaculares y confortables características del servicio brindado al pasajero era el de asegurar la salud a las familias más poderosas de la sociedad argentina. De esta manera, los miedos de contraer tuberculosis y otro tipo de enfermedades que acechaban en aquel contexto, hacían de éste un sitio delicioso de expansión para el espíritu, donde el pasajero se sentía seguro dentro de una especie de “condado”, cubierto de toda contaminación interna y externa en una propiedad de casi mil hectáreas, donde podía estar libre de contacto con enfermos, por no admitirse allí a los que padecían de males contagiosos.

El agua que se consumía en el Hotel era agua embalsada del cauce formado por manantiales que hasta el día de hoy surgen dentro de las quebradas de las sierras, y llevada directamente por caños cubiertos hasta el establecimiento. En este caso, no se trataba de cauces que atravesaran caminos, vecindades, llanos, de bebederos para animales, de lavadero, de baño, y por lo tanto expuesta a todas las contaminaciones, para luego ser conducidas por acequias descubiertas a los distintos puntos de consumo. Sino todo lo contrario. Se trataba de un agua de excelente calidad que desde los manantiales pasaba a los caños que la conducían hasta el hotel.

También, la prolija instalación en su distribución dentro de la casa, para sus distintos usos era otra garantía de incontaminación. Cabe destacar que el hotel contó de los comienzos con agua corriente en todas las habitaciones y ocho baños W.C. en los primeros años.

Cabe destacar las opiniones de dos autorizados especialistas en la materia contemporáneos a aquel contexto acerca de las características de este valioso recurso. Por un lado, el reputado químico Dr. Francisco P. Lavalle que establece en su informe que “El agua que se consume en el hotel, tanto para la alimentación como para los demás usos, es químicamente purísima, según lo he podido constatar por los análisis practicados”.

Por otra parte, el afamado bacteriólogo Doctor Enrique von Stoecklin resumía en sus investigaciones científicas: “El agua que alimenta el Eden Hotel y sus dependencias es bacteriológicamente muy pura y seguramente una de las más puras que he tenido oportunidad de examinar en la República Argentina”. Además, sostenía que por su origen, la naturaleza del terreno, la ubicación, el trayecto recorrido y la inmejorable construcción de las obras de acaparamiento y distribución, dicha agua se encuentra  en absoluto protegida contra cualquier eventualidad de infección externa con microbios nocivos.

Ante estas expuestas opiniones científicas de expertos de aquel momento, el edificio dejaba por sentado que contaba con la garantía de salubridad del agua, algo que de forma conjunta con tras cualidades que poseía, lo hacían prácticamente único.

Fuente:
Archivo Eden S.A.

“… Cariñosas Felicitaciones. Adolf Hitler”

Al cumplirse el 15 de mayo de 1937 el 25° Aniversario de los hermanos Eichhorn al frente del establecimiento junto a la Boda de Plata de Walter e Ida Eichhorn, se efectúo una inolvidable e histórica celebración en el hotel.

El acontecimiento fue celebrado gratamente y contó con una calurosa adhesión por parte de Vecinos de La Falda, Representantes de diferentes instituciones como Comercio de Córdoba, Asociación Fomento Turismo Sierras de Córdoba, Unión Industria Hotelera, Consulado Alemán, Autoridades Locales, Escuela Provincial de La Falda, Personal de la Empresa y los amigos personales de los agasajados.

De esta forma, un interesante programa de festejos inició por la mañana y se prolongó hasta las primeras horas del día siguiente, lleno de pruebas de estimación y aprecio que supieron ganar los Sres. Eichhorn, en un cuarto de siglo de vida social y comercial de esta localidad.

En horas de la mañana llegaron en delegación numerosas personas de Córdoba, a las que se les ofreció un almuerzo, rodeando más de 50 comensales la mesa tendida en su honor.


Por la tarde, concurrieron los alumnos de la Escuela Provincial y vecindario de La Falda que se congregaron en el Salón de Fiestas del Hotel y dependencias adyacentes.


Tiempos de oro
Cabe resaltar que antes del inicio de los actos de homenaje programados, Walter Eichhorn, en carácter de Presidente de Eden S.A. junto a su señora obsequiaron relojes de oro a los empleados Cabrera, Capdevila, Benavidez y Rivero por su labor realizada esos 25 años de antigüedad en el establecimiento. Este simpático acto constituyó un gesto magnífico aclamado por la concurrencia brindando un momento emotivo apreciado por los presentes.


Un día de pergaminos y lleno de obsequios
Luego de escuchar el saludo presentado por unas de las alumnas de la Escuela, el Sr. Gaston Fontaine Silva (Presidente de la Asociación Fomento de Turismo) en nombre de la institución y de amigos de Córdoba, hizo entrega de un artístico pergamino, pronunciando un hermoso discurso poniendo en manifiesto la simpatía con la que se aprecia la fecunda labor comercial de los obsequiados.

Continuamente, en representación al Vecindario de La Falda, se hizo entrega de otro pergamino junto  un magnífico e histórico discurso, acerca de la obra fecunda de los hermanos Eichhorn, a cuya tenacidad y constancia, se debía el hermoso progreso de La Falda. Ambos discursos fueron largamente aplaudidos.

La concurrencia fue agasajada con champagne y un magnífico bufé, del que participaron más de 200 concurrentes y todo el personal del establecimiento.

Un regalo bastante especial
Llegada la noche, se sirvió un banquete, aun selecto grupos de invitados participando de él 60 comensales compartieron la cena de Honor. Telegramas, flores y regalos inundaron la sala. Pero uno de los regalos ocupó el lugar de honor. Vino de Alemania y el propio Embajador de Alemania Von Therman lo trajo personalmente. En algunas correspondencias cuenta Walter divertido que el Embajador, nervioso y asustado, casi no llega a tiempo para entregar el presente. Un retrato de Hitler con marco de plata y dedicatoria:

Señor y Señora Eichhorn, a mis queridos camaradas de lucha en los tiempos difíciles para sus Bodas de Plata, cariñosas felicitaciones. Adolf Hitler”.

 

 

El acontecimiento de este evento tuvo eco en muchos diarios locales, de la Capital Federal y otros del Interior, comentando con toda simpatía los actos realizados y los homenajes efectuados en honor de los agasajados.

Fuentes:
Acta N° 84 Eden SA
Documental “Eden Hotel” – Deutschland – 3SAT – 1995

Charly García en el Edén

por Néstor Pousa

Hay algo que tal vez sorprenda al ocasional visitante que recorre la muestra titulada “Los
Ángeles de Charly”, y es una serie de imágenes del músico posando en distintos salones del
Edén Hotel de La Falda. La más imponente es una gigantografía transparente que lo muestra
semi inclinado en el hall de entrada del centenario edificio. Hay otra, titulada Desarma y
sangra, en la que se lo ve tocando un piano de cola desvencijado (según expresa el rótulo).


“Charly Garcia Eden Hotel de La Falda”
Foto: Hilda Lizarazu


“Desarma y sangra”. Charly con piano de cola desvencijado en el Eden Hotel.
Foto: Hilda
Lizarazu

En una tercera está solo contra un muro (Rasguña las piedras) y la cuarta asomado a una
ventana, acompañado por Fito Páez y Fabiana Cantilo. Según la visión y memoria emotiva de
Hilda Lizarazu, esta última foto refleja: “La hermosa unidad fraterna y musical de los tres,
recorriendo diferentes salones abandonados de este hotel que era algo así como
fantasmagórico en ese momento. Y yo como una ardilla los perseguía y les sacaba fotos”.


“Rasguña las piedras”. Eden Hotel de La Falda.
Foto: Hilda Lizarazu


“Ella es tan Kubrick”. Fabi, Fito y Charly en La Falda.
Foto: Hilda Lizarazu

Si bien las cuatro tomas están fechadas en 1985 parece inexacto el dato. Charly no anduvo
por La Falda en ese año, en cambio sí lo hizo en las temporadas 80, 82, 83, 86 y 87 (el año
correcto de la sesión de fotos) dejando un saldo de conciertos memorables, algún que otro
escándalo y una infinidad de anécdotas desopilantes.

Los créditos de esta serie, que bien podríamos denominar como Charly en el Edén, pertenecen
a Hilda quien por esos años solía asistir como foto-reportera al legendario Festival de Rock
que se realizó durante la década del 80, que fue un hito indiscutido de la música nacional y
que dejó legados de la trascendencia de este que hoy nos ocupa.

Se cumplen 73 años de la Internación Japonesa en el Eden Hotel

En marzo de 1945 la Argentina, declaró la guerra a Japón y a Alemania. El día 20 de abril el embajador Tomii y su familia son trasladados junto a su séquito en el tren presidencial a La Falda. A diferencia de otros países sudamericanos debido a la presión norteamericana de “canjear empleados japoneses que estaban trabajando en dichos países por prisioneros norteamericanos”, nuestro gobierno prefirió “internarlos” en el Eden Hotel.

japoneses
El gobierno argentino tuvo la deferencia (Muestra de respeto y cortesía) de continuar el pago del el sueldo que ganaba en la Embajada. También le facilitó, cosa no muy común en esa época, un radio cajón para que el matrimonio pudiese escuchar las noticias de la guerra.

A diferencia de otros países sudamericanos debido a la presión norteamericana de “canjear empleados japoneses que estaban trabajando en dichos países por prisioneros norteamericanos”, nuestro gobierno prefirió internarlos, especialmente en la provincia de Córdoba a estos empleados japoneses en lugar de canjearlos. Mas allá de no poder salir del hotel y de estar incomunicados, fueron muy respetados por las autoridades y empleados de dicho albergue. Permanecieron once meses en el establecimiento.

A 93 años de la visita de Einstein al Eden Hotel

Cuenta la Voz del Interior del día 13 de Abril de 1925: “En el tren especial que el Ministerio de Instrucción Pública de la Nación puso a la disposición del huéséd, llegó ayer por la mañana a esta ciudad el sabio profesor Albert Einstein a quien acompañaba una destacada delegación de universiatios porteños“.

Luego continúa: “Después de las presentaciónes de estilo, el profesor Einstein y sus acompañantes se dirigieron al Plaza Hotel, en donde se les tenía reservado el alojamiento. En varios autos oficialmente preparados al efecto, partió a las sierras. La comitiva recorrió el hermoso trayecto hasta La Falda, en cuyo hotel fue servido el almuerzo”.

Finalmente, el centenario matutino cordobés añade: “Cerca de las 15:30 hs, la comitiva se dirifió desde La Falda con destino al dique San Roque, cuyas obras admiraron los viajeros durante un buen rato. A las 17 horas, la delegación regresó a esta ciudad. El paseo de excursión por las sierras ha causado la más plácida impresión a los viajeros. Hoy la Universidad recepcionará al profesor Einsein y con tal motivo se llevará a cabo un acto en el salón de grados a las 10 horas y media“.

Y así fue el paso por este lugar del famoso científico y filósofo alemán, premio Nobel de Física en 1921. Como lo demuestran los escritos, el almuerzo en el Eden Hotel se extendió por dos horas, seguido de un paseo por las sierras que encantaron al “profesor”, como lo llamaban todos. Fue allí donde manifestó, en francés (idioma que empleó para sus conferencias en nuestra tierra), que, por su impecable estado natural, el paisaje serrano de Córdoba le pareció más atractivo que el suizo. Son palabras del gran Einstein.

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